La playa de Pekín

Juan Miñana

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Planeta. Barcelona (1996). 291 págs. 2.200 ptas.

Juan Miñana ha escrito una novela muy distinta de las líneas dominantes en la literatura española contemporánea. La playa de Pekín narra el ingenuo encuentro de dos personajes que años atrás habían mantenido una curiosa pero intensa relación familiar. Sofía, junto con su hermano Tato y su madre Elena, pasó cinco años, desde los 10 a los 15, en casa de Matías Briz, un amante ocasional de su madre cuando decidió separarse de un marido repetidamente infiel.

Años después, Sofía, estudiante de Derecho en Boston y colaboradora de una editorial especializada en arte, viaja con sus socios a Barcelona para comprar un cuadro del pintor Isidro Nonell que Matías guarda en su casa como una herencia familiar. El viaje de regreso de Sofía hace que los años trancurridos en casa de Matías afloren con fuerza en su memoria. De manera alternativa, Matías y Sofía narran cada uno sus recuerdos de aquellos años y sus sentimientos actuales. Antes de vivir en casa de Matías, Sofía apenas había recibido muestras de cariño. Con Matías descubre, detrás de su aparente vacuidad, un mundo de fantasía y variedad. Matías hace realidad aquella pintada anarquista que tanto le gustaba: “Levantad el asfalto, debajo hay playas”. Su vida tiene sentido delante del cuadro que resume su filosofía de la vida: contemplando ese cuadro de una insustancial playa cercana a Barcelona, Matías -y más tarde Sofía- descubrirán, sirviéndose de esa metáfora, otra manera de andar por la vida, descubriendo sorpresas en cada esquina. El desenlace es un tanto inverosímil, pero está muy en consonancia con lo que Miñana ha expuesto con gran frescura y habilidad a lo largo de todo el libro, aunque con algunos detalles amorales innecesarios.

Juan Miñana, autor de La Claque (1986), El jaquemart (1991) y la espléndida colección de relatos Última sopa de rabo de la tertulia España (1992, ver servicio 117/92), confirma en este libro su sorprendente capacidad de fabulación. El mensaje final aparece rodeado de una intencionada ambigüedad. Como narra Miñana, debajo del asfalto también pueden encontrarse playas que ayuden a encontrar la felicidad.

Adolfo Torrecilla

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