La piel del tambor

Arturo Pérez-Reverte

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Alfaguara. Madrid (1995). 589 págs. 2.800 ptas.

La acción de esta novela, localizada en Sevilla, tiene como centro una iglesia barroca del 1700, valiosa desde el punto de vista artístico pero necesitada de restauración. Un grupo financiero quiere derribarla, proyecto que el episcopado aprueba, mientras que el párroco y la anciana aristócrata que lo protege se oponen. Mientras tanto, en el templo se producen varias muertes presuntamente accidentales, un pirata informático se introduce en Roma en el ordenador del Santo Padre para informarle de ellas, y el Vaticano envía a un sacerdote muy especial, un agente secreto al estilo James Bond, para que investigue lo que ocurre.

El autor se apoya en este “007 con alzacuello”, duro, frío, eficaz y atractivo para narrar una historia tan improbable como su protagonista. La trama policiaca no es muy consistente y resulta convencional en su desarrollo, aunque cuenta con los elementos necesarios para entretener.

Pérez-Reverte ha elegido un camino novelístico cómodo, que no le ha exigido ni mucho esfuerzo imaginativo ni mucha elaboración técnica, y que sin duda le resultará rentable en dividendos de popularidad. En cuanto a su fondo, la obra peca de cierta frivolidad, quizá más que de malevolencia, en su forma de presentar a la Iglesia católica como una multinacional dedicada al negocio del espíritu. El auténtico misterio de la Iglesia se le escapa totalmente a Pérez-Reverte.

Pilar de Cecilia