La piel de zorro / La bestia del corazón

La piel de zorro

Siruela (Madrid, 2009). 244 págs. 18 €. T.o.: Der Fuchs war damals schon der Jäger. Traducción: Juan José del Solar

La bestia del corazón

Siruela (Madrid, 2009). 192 págs. 17 €. T.o.: Hetztier. Traducción: Bettina Blanch Tyroller

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Los premios Nobel de Literatura no son siempre un galardón a los mejores, porque tienen bastante de marketing político e ideológico y, en definitiva, es el fallo de un jurado que, como todos, con cierta frecuencia no brilla por imparcialidad. También es costumbre que a veces se premie a alguien no muy conocido internacionalmente y que, una vez premiado, tampoco sea muy leído. Suele ocurrir con la poesía que desde hace ya muchos decenios tiene menos lectores que la prosa o, quizá, menos publicidad.

Ha sido el caso de Herta Müller, el premio de 2009, una rumano-alemana de 56 años, dedicada desde siempre a la escritura y poseedora de otros muchos premios. Más que novelista es poetisa, y muchos de sus relatos caen más bien en la categoría de poemas en prosa. En España, Siruela había publicado ya En tierras bajas y El hombre es un gran faisán. Y ahora saca un conjunto de relatos, La piel del zorro, y una narración (porque no es propiamente una novela), La bestia del corazón.

El estilo de Müller es característico: hecho de frases cortas e imágenes desusadas o imprevistas, una combinación de Azorín, surrealismo, nouveau roman y realismo mágico. Un ejemplo, entre miles, tomado al azar: “La boca del vigilante era demasiado grande para aquella estación del año. La tenía abierta, porque en invierno no había ciruelas verdes con que llenarla”. O bien: “La modista preguntó: Cómo está tu abuela. Canta, dije”.

Aparte de que, como siempre, en el idioma original quedará mucho mejor, para el lector este estilo es una especie de travesía del desierto, algo así como recorrer un kilómetro a pasitos de cinco centímetros. Porque, además, esas visiones, intuiciones o lo que se quiere no avanzan constituyendo una trama que intrigue y anime a continuar.

Desde el punto de vista comercial se ha intentado vender los libros de Müller diciendo que tienen como fondo el régimen de terror de Ceaucescu, pero eso está -al menos en estas dos narraciones-, tan diluido, es tan vaporoso, que pudiera referirse a cualquier otro.

Estas narraciones son literatura al estado puro, literatura expresamente literaria, voluntad de estilo -que se decía antes- y, naturalmente, tiene su público: exiguo, pero público. Para la mayoría, incluso personas de cultura y con experiencia de múltiples lecturas, puede resultar una tarea tediosa adentrarse en este collar de observaciones sueltas. Salvo que se les coja el gusto. Entonces se convierte en una especie de cofre donde, desperdigadas y revueltas, hay joyas originales y raras.