La noche en cuestión

TÍTULO ORIGINALThe Night in Question

GÉNERO

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Alfaguara. Madrid (2000). 304 págs. 2.700 ptas. Traducción: Pilar Vázquez.

Tobias Wolff (Alabama, 1945) sigue siendo, en su cuarto libro de narrativa breve, un excelente cuentista. Posiblemente su nombre representa el eslabón más firme que hoy prolonga la cadena de la prestigiosa tradición del cuento estadounidense: Salinger, Capote, Saroyan, Cheevers, O’Connor, Carver… Es actualmente profesor de la neoyorquina Universidad de Siracusa, ciudad donde vive con su esposa y sus tres hijos. Este volumen, que cuatro años después de su aparición se traduce al español, corrobora la maestría de este narrador que publicó rondando los cuarenta su primer libro y que domina las técnicas (y argucias) esenciales del cuento.

En La noche en cuestión presenta situaciones extremas a las que puede arrojar la vida, entre las cuales cabe citar: un periodista encargado de redactar las necrológicas escribe el obituario sobre alguien que está vivo y que viene, con su esposa, a reclamar explicaciones; en la guerra de Vietnam un peculiar soldado a punto de licenciarse se las arregla para intervenir en todas las misiones peligrosas; un padre separado debe devolver a su esposa su hijo una Nochebuena en la que la nieve cierra las carreteras.

Wolff, escritor del realismo más nuevo, quiere desentrañar los mecanismos de la casualidad y encontrar el orden secreto que entreteje las cosas; muestra personas de la sociedad estadounidense ajenas al esquematismo psicológico -dementes o excluidos sociales- que estragan las películas norteamericanas, aunque la visión de los jóvenes resulte un tanto monocorde. Personajes que se dan de bruces con la realidad, o que la dejan marcharse porque sospechan que puede cambiarles todo demasiado. La mirada del narrador, por duras que resulten las situaciones que ofrece en sus relatos, por amargo que sea el pasado que acumulan algunos personajes, provoca la capacidad de comprensión y sugiere que cualquier criatura humana, por mediocre o insípida que parezca, esconde cualidades que no le arrancan el título de persona.

Joseluís González

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