La niebla y la doncella

Lorenzo Silva

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Destino. Barcelona (2002). 356 págs. 16 €.

Tras el éxito de El alquimista impaciente (ver servicio 26/00) y El lejano país de los estanques (ver servicio 59/98), Lorenzo Silva ha vuelto a escribir una nueva aventura policíaca protagonizada por una pareja de la Guardia Civil, el sargento Bevilacqua y la cabo Chamorro. Esta nueva historia mantiene el tono y el estilo de las entregas anteriores, con unos protagonistas un tanto más sólidos y con una trama que, en esta ocasión, mezcla los negocios turbios de la droga con un misterioso e inútil asesinato. Bevilacqua y Chamorro se trasladan a la isla de La Gomera para intentar resolver la muerte de un joven hace ahora dos años, después de un juicio poco claro y de que el caso se cerrase en falso.

Bevilacqua, el narrador, vuelve a relatar los acontecimientos con su habitual, despegado y lúcido escepticismo. Pero esta cínica actitud, que provoca un ingenioso enfrentamiento con la agente Chamorro, la utiliza para esconder su frustrada personalidad. El sargento Vila no ha tenido suerte en el matrimonio, ha recalado en la Guardia Civil casi de rebote después de estudiar Psicología y sigue sin entender cómo el ser humano se complica la vida por su fascinación por el mal. Él, a veces, tampoco sabe por dónde ir. Más que en otras ocasiones, abundan las reflexiones morales y los sutiles comentarios sobre algunas de las situaciones que tienen que vivir los protagonistas y que les afectan más de lo que parece.

Ni Bevilacqua ni Chamorro son personajes distantes, fríos, excesivamente literarios. Al contrario, intentan acercarse emotivamente a las víctimas y a los presuntos culpables. Silva sabe dosificar la intriga, escribe con dinamismo, ha trabajado acertadamente la psicología de los dos protagonistas y hace atrayente la acción. Sin embargo, en esta ocasión el escepticismo moral de Bevilacqua se complica con alguna escena sexual, breve y previsible.

Uno de los rasgos que más llaman la atención de estas novelas es la verosimilitud con que Lorenzo Silva describe tanto la vida cotidiana de esta pareja de guardias civiles como el realismo sociológico de las tramas en las que participan.

Las novelas de este autor no son, pues, sucedáneos imitativos de la novela negra norteamericana ni de ese tipo de literatura policíaca que se revuelca en historias sórdidas. También la imagen de la Guardia Civil es positiva; como ha confesado el propio autor, “no me da rubor que a través de mis novelas la gente mejore su visión de la Guardia Civil”.

Adolfo Torrecilla

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