La muerte que viene de lejos

José María Guelbenzu

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Alfaguara. Madrid (2004). 312 págs. 17 €.

En su anterior novela, “No acosen al asesino” (ver servicio 132/01), el escritor y crítico José María Guelbenzu construyó un relato policiaco basada en la intriga de corte psicológico más que en los ingredientes propios de la novela negra. En esa obra aparecía la juez Mariana de Marco, protagonista también de “La muerte viene de lejos” y de una futura saga que el autor quiere escribir basándose en ella.

Al igual que en la anterior, la novela falla en uno de sus pilares fundamentales: la trama. En este caso, una íntima amiga de Mariana, Carmen Fernández, que trabajó con ella en su anterior destino, está obsesionada con Rafael de Castro, el novio de su joven sobrina Vanessa. Para Carmen, Rafael no es trigo limpio; ella lo ve como un cazador de dotes, además de intuir que pudo estar implicado en la aparentemente accidental muerte de su tío, que le dejó una buena herencia. Más que este asunto, a Guelbenzu le interesa el análisis de los caracteres: de ahí la morosidad con la que se aproxima a las implicaciones emocionales del caso en los principales protagonistas: Carmen, Mariana y el propio Rafael.

El autor se esmera con la figura de Mariana porque su biografía sintetiza la evolución de la sociedad española: tiene 45 años, es culta, competente, de refinados gustos estéticos; está separada, vive sola; nació en el franquismo, se educó en la transición y alcanza la madurez en la democracia. A la hora de definir el mundo interior y las relaciones sociales y costumbristas de este personaje, Guelbenzu añade una moralina sociológico-política; todo con el fin de hacer atrayente a su personaje (y, a la vez, a la sociedad que representa). El autor pone mucho énfasis en Mariana de Marco y en describir el mundo en el que se mueve -la burguesía provinciana de una localidad cántabra-, pero el argumento queda tan estilizado que pierde interés, hasta el punto de que la resolución es simple y aun inverosímil.

Ángel Amador