La muerte del decano

Planeta.

Barcelona (1992).

210 págs.

1.500 ptas.

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Puede resultar poco reconocible el Torrente Ballester de La muerte del decano a quienes están habituados a sus obras de carácter más fantástico, arcaizante o filosófico como Las islas extraordinarias, Ifigenia y otros cuentos y Fragmentos de apocalipsis.

La nueva creación de Torrente Ballester es de trazo rápido, sobria de forma, realista en sus contenidos. Recoge de modo esquemático la estructura propia de la novela policiaca; el escenario novelesco se desarrolla en la posguerra de una ciudad universitaria gallega en la que aparece asesinado el decano de la facultad de letras.

Todos los indicios señalan como presunto asesino a un brillante discípulo del decano. Poco a poco, a través de las conversaciones entre distintos personajes secundarios, se descubre la posibilidad de que el decano intentara disimular su suicidio con el fin de hacer recaer la culpabilidad sobre su más destacado discípulo, que le aventajaba profesionalmente y de cuya mujer el decano se había enamorado.

La anécdota no deja de ser interesante, pero su desarrollo deja muchos cabos sin atar. Torrente Ballester muestra sus cualidades de buen narrador pero poco experto en el manejo y la profundización de la intriga policiaca en sí. Sin embargo, en pocas páginas es capaz de trazar un apunte delicioso sobre el comportamiento de distintos tipos humanos. En ello redunda la validez del relato: los perfiles humanos aunque no completos son certeramente sugestivos.

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