La magia de los libros infantiles. De las fábulas de Esopo a las aventuras de Harry Potter

Crítica. Barcelona (2009). 590 págs. 29,90 €. Traducción: Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Libro que intenta ser una especie de historia de la literatura infantil y juvenil (LIJ) enfocada desde la recepción de los libros. Con él, su autor, un profesor de literatura comparada de prestigiosas universidades norteamericanas, ha recibido el Premio Nacional de la Crítica en su país, por lo que de más está decir que ha recibido abundantes elogios.

En sucesivos capítulos habla de las lecturas infantiles en la antigüedad, del eco perdurable de las fábulas de Esopo, de las lecturas de los niños en la Edad Media, del impacto puritano y de las teorías pedagógicas de John Locke en la literatura infantil, del éxito de Robinson Crusoe y sus posteriores imitaciones, de los libros de ambiente colegial y de aventuras juveniles del siglo XIX, del peso de las teorías de Darwin en muchos autores, del género del nonsense representado por Edward Lear y Lewis Carroll, de los cuentos de hadas y sus interpretaciones, de las historias con niñas como protagonistas, de las obras decisivas de la Inglaterra de principios de siglo XX –El viento en los sauces, los cuentos de Beatrix Potter, Winnie the Pooh, etc.-, de las instituciones de la literatura infantil norteamericana y en particular de las bibliotecas, y de obras norteamericanas de las últimas décadas.

Para mí, los mejores capítulos son los primeros, en particular los dedicados a las fábulas de Esopo y a la influencia de Locke -no en vano el autor empezó su carrera como medievalista-, pero no puedo decir que me hayan gustado los demás, aunque sí me han interesado bastantes cosas y piense que el libro será útil para quien ya esté introducido en el mundo de la LIJ. A cualquier lector culto le puede aportar un esquema histórico básico y buenos análisis sobre libros concretos, pero me temo que pronto se sentirá confuso y cansado del vagabundeo discursivo al que se abandona el autor, de sus numerosas reiteraciones y preguntas retóricas y, también, de los párrafos supuestamente poéticos con los que cierra cada capítulo, ininteligibles para quien no capte las referencias que contienen a muchos libros infantiles.

Además, las observaciones valiosas pierden fuerza en medio de otras afirmaciones más que discutibles. Por ejemplo, es verdad que Darwin influyó en autores como Charles Kingsley o Edgar Rice Burroughs, pero es muy aventurada la línea que traza el autor hasta el Dr. Seuss. O, se puede decir que The Cat in the Hat encarna (yo diría que más bien conecta con) el estilo transgresor de diversión destructiva que se puso de moda en los años cincuenta, pero dudo mucho que lo que enseñe sea que “el niño puede tener una vida llena de color (…); y que, mientras la madre esté fuera, todos podemos ser todo lo rosita que podamos” (si yo entiendo bien la traducción).

La edición contiene no pocas erratas y supongo que también lo es el comentario acerca de la “pequeña revista familiar que Carroll confeccionó para sus hijos”, pues Carroll tuvo varios hermanos pequeños -para los que preparó revistas- pero ni se casó ni tuvo hijos.