La lanza templaria

Enrique de Diego

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Martínez Roca. Madrid (2006). 374 págs. 20 €.

Comienzos del siglo XIII, cuarta cruzada. Álvar Mozo, conde de Sotosalbos, se ha convertido en un ferviente caballero templario. Durante una acción guerrera, encuentra a la que fue su concubina, en trance de dar a luz. Él reconoce su paternidad con conciencia firme, pues todo sucedió antes de profesar, pero algunos hermanos de escándalo fácil y mal disimulada envidia consiguen que se le despoje temporalmente de los hábitos. Sus superiores van a aprovechar esta circunstancia para encomendarle una misión secreta. Partirá, en veste de cruzado, en busca de la santa lanza, aquella con la que Longinos atravesó el costado de Cristo; una reliquia con la que el Papa espera dar moral a los ejércitos cristianos y recuperar la unidad perdida por los cismas y las herejías.

Se diría que el autor asume los planteamientos de la intriga bíblico-eclesiástica al uso. Pero sólo para desacreditarlos al final, en una carcajada burlona. Aquí salen perdiendo lo que un personaje llama “interpretaciones conspirativas” de la historia y las revisiones sensacionalistas de esa misma historia. De hecho, vemos avanzar la acción a golpe de pasiones y de ideales, sin más. Los templarios son lo que dicen ser; los cruzados, una mezcla de piedad y barbarie, y la bondad y la maldad se reparten por igual entre todos los grupos.

Por lo demás, el autor demuestra conocer la ascética cristiana, bien encarnada en el protagonista, fiel a sus votos en medio de un ambiente relajado. Dentro de un género sin pretensiones, de Diego respeta la inteligencia del lector, lo que empieza a no ser común.

Jesús Sanz

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares