La hora del crepúsculo

Javier Vela

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Rialp. Madrid (2004), 63 págs. 7 €.

Si la obra ganadora del premio Adonais de poesía de 2002 (Rua dos Douradores, de Adrián González Da Costa, cfr. servicio 70/03) fue una grata sorpresa, La hora del crepúsculo, el libro premiado en 2003, no lo ha sido menos. Parece, por tanto, que el renovado jurado del premio va por buenos caminos. Javier Vela, nacido en Madrid en 1981, pero afincado en Andalucía, ha escrito un poemario de notable calidad. El libro, dividido en tres partes (Nocturno, Crepúsculo y Vigilia), gira en torno a la contemplación de los juegos de la luz y de la sombras en la naturaleza, y a la transformación de las imágenes en símbolos, una vez asimiladas por el poeta, que interioriza su visión de la noche, del atardecer y del alba. Javier Vela logra un libro unitario en torno a cuestiones esenciales como la temporalidad, la relación amorosa, los misterios de la existencia.

La expresión es sumamente elegante, casi siempre serena, reposada, y con variedad de imágenes alrededor de unos símbolos que se repiten cadenciosamente, con particulares acentos en cada una de las secciones del poemario (noche, oscuridad, sueño, agua, sed, mar, luz, aire…). Pese a su juventud, Javier Vela muestra madurez poética, armónico dominio de los recursos lingüísticos, sentido de la proporción y un trasfondo bastante esperanzador sobre el hombre, por la vía amorosa. A mi modo de ver, en la segunda parte hay varios poemas memorables, dentro de un conjunto muy equilibrado, que denota una elaboración lenta y cuidada.

Luis Ramoneda