La gloria de los niños

Alfaguara. Madrid (2007). 227 págs. 18,50 €.

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“Eres un niño poderoso y firme porque la vida te hizo necesario, y en la fuerza de tu inocencia cualquiera puede depositar la confianza. La gloria de que todos fuéramos como tú, sanaría al mundo…”. Esto dice la madrina de Pulgar, el protagonista del último libro de Luis Mateo Díez. Como es habitual en este escritor, en cuyas novelas y relatos se da una singular mezcla de realismo y de fantasía, los nombres de los lugares en que se desarrolla la acción son inventados, aunque ésta transcurre en los años de la guerra civil española.

Poco antes de morir en un hospital de sangre, el padre de Pulgar, cuya madre ha fallecido en el bombardeo que ha disgregado a la familia, le da una encomienda: ha de buscar a sus tres hermanos. La gloria de los niños es el relato de esta búsqueda por la ciudad y por sus barrios periféricos. En ese deambular, Pulgar se va encontrando con diversos personajes cuya mayor preocupación es sobrevivir: unos, como Rovira, tratan de aprovecharse de él para sus tramas picarescas, aunque saben darle consejos para la vida; otros se apiadan y le ayudan, como la patética Rita… En general, predominan las actitudes de conmiseración y de solidaridad, porque casi todos pasan hambre y llevan la tragedia de la guerra en sus carnes.

Los capítulos son breves y, por medio de saltos en el tiempo, el lector va conociendo un poco más de los padres y de los hermanos de Pulgar y de su duro pasado. La figura de la madre se agiganta, frente a la del padre, que para el hijo, que no se atreve a juzgarlo, es más bien un enigma. Habría sido fácil convertir el relato en un melodrama, pero no es así. Pulgar es un niño bueno, maduro, empeñado en cumplir su misión por encima de todo. Los demás personajes, con sus virtudes y defectos, son muy humanos.

No hay actitudes amargas, como si la bondad del niño se contagiara a su alrededor, y no faltan los toques de humor incluso, a pesar de la penuria, del hambre, de la sordidez de una ciudad destruida por las bombas y envuelta casi siempre en nieblas. La discusión de los tres hermanos panaderos sobre las ventajas y desventajas de ser manco, tuerto o cojo es un buen ejemplo de ese humor cercano a lo absurdo, aunque no por eso menos humano. Los diálogos frecuentes, las acertadas descripciones de la ciudad de Borenes o de los barrios de Larmina o del Poblado de Colma y la elegante prosa del autor completan los aciertos de esta interesante novela.

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