La flaqueza del bolchevique

Lorenzo Silva

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Destino. Barcelona (1997). 186 págs. 1.900 ptas.

El narrador de esta singular historia lleva una existencia mezquina, entregado a su trabajo de ejecutivo en un banco. Enemigo de casi todo, sólo siente fascinación por las patinadoras artísticas y las deportistas de gimnasia rítmica, y por una fotografía en la que el zar ruso Nicolás II aparece con sus hijas antes de ser ejecutadas. Al narrador le preocupa obsesivamente el destino que corrió la más pequeña, la duquesa Olga, y la reacción del bolchevique encargado de su fusilamiento.

Un pequeño accidente de coche acaba transformando su existencia. Ridiculizado por la reacción de la conductora del otro vehículo, inicia una persecución contra ella que le lleva absurdamente a enamorarse de una chica de sólo quince años.

Lo que parecía destinado a convertirse en una historia perversa de abusos sexuales se transforma en una historia de amor, cruelmente frustrado por un hachazo del destino. En este imprevisible giro radica el atractivo de una novela ligera, en la que sobresale la novedad del tono adoptado por el narrador: febril, provocador y demoledor. Harto de todo, también del lenguaje, decide servirse de los modismos populares y de las expresiones más barriobajeras que dan rienda suelta a su estado de ánimo. Este estilo rastrero y procaz (que puede echar para atrás a muchos lectores, especialmente al principio de la novela) va cediendo paso a una narración cínica.

Abundan las digresiones, divertidas y originales, pero también los detalles de mal gusto. Sorprende cómo el narrador mantiene en todo momento la unidad de estilo que da consistencia a un personaje infeliz que esconde, a pesar de su caos mental y aunque no lo parezca, buenos sentimientos. La flaqueza del bolchevique es la novela finalista del premio Nadal 1997; también es la tercera novela de su autor: antes había publicado Noviembre sin violetas y La sustancia interior.

Adolfo Torrecilla

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