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La fiesta de la insignificancia

Tusquets.

Barcelona (2014).

144 págs.

14,90 €.

Traducción: Beatriz de Moura.

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Una versión de esta reseña se publicó en el servicio impreso 71/14

Catorce años después de La ignorancia, publica Milan Kundera (Brno, Chequia, 1929) su nueva novela. Es la cuarta que el autor escribe y publica directamente en francés, tras su salida de la República Checa en 1975 por sus problemas con el régimen comunista y haber renunciado después a su nacionalidad por posteriores problemas con las autoridades democráticas.

Ya instalado en Francia, consiguió un espectacular éxito con su novela La insoportable levedad del ser (1984), que le dio fama mundial y que se convirtió en la novela estandarte de la posmodernidad, en boga en los movimientos estéticos de los ochenta y noventa. Luego publicó las novelas La inmortalidad (1990), La lentitud (1994), La identidad (1997) y la ya citada La ignorancia (2000). En todas ellas, con diferentes intensidades y formas, aparecen temas parecidos: parábolas sobre la existencia, el escepticismo, la soledad, la sexualidad y la crítica a la sociedad occidental de masas. Un excelente análisis de la literatura de Milan Kundera puede encontrarse en el artículo La identidad de Milan Kundera, del crítico italiano Cesare Cavalleri.

Junto con sus novelas, también merecen destacarse sus ensayos, que reflexionan sobre el papel de la literatura en la sociedad actual. Entre otros, ha publicado Los testamentos traicionados, El arte de la novela, El telón y Un encuentro. Desde el punto de vista teórico y práctico, Kundera representa la crisis de la novela tradicional, la levedad como estrategia filosófica, y el radical escepticismo ante las propuestas existenciales actuales.

Estas ideas, directa o indirectamente, están presentes en La fiesta de la insignificancia, breve novela que gira en torno a la amistad entre cuatro protagonistas, todo ellos hombres: Alain, Ramón, Charles y Calibán. Sobre el fondo y la forma empleados, merece rescatarse una cita de su novela La lentitud: “Me has dicho muchas veces que te gustaría escribir una novela en la que no hubiera una palabra seria”. O sea, utilizar la levedad para abordar cuestiones de gran calado.

Fiel a este deseo, La fiesta de la insignificancia es una desordenada sucesión de momentos que tienen poco que ver entre sí. No hay ni un argumento redondo ni una estructura clara. Incluso, como ha hecho en otras novelas, se sirve de una caótica atmósfera kafkiana para avanzar en la narración, aunque quizá encaje mejor aquí, como ha señalado la crítica italiana, que estamos ante “una parábola felliniana” o un divertimento surrealista.

Los cuatro amigos comparten problemas, inquietudes, pensamientos, anécdotas. Acuden a una fiesta; hablan del amor, de los ángeles, de la maternidad, de sus madres, del sexo, de la infancia, del perdón, de las relaciones entre padres e hijos y de la belleza. Como telón de fondo, varias ideas dominantes, que pueden ser quizá el sostén de la novela: la falta de individualidad en la sociedad contemporánea y “el valor de la insignificancia”. Para Kundera, esa insignificancia es “la esencia de la existencia”, por lo que sostiene una valoración escéptica del mundo, de la historia, de la relaciones humanas y de la imposibilidad de cambiar nada.

En esta ocasión, las consecuencias existenciales de esta insignificancia se muestran en clave cómica. Hay mucho sentido del humor (en la órbita del absurdo) y hay también una ligereza que hace fácil de leer la novela, aunque no se comprenda muy bien qué es lo que el autor quiere transmitir. De vez en cuando surgen inteligentes chispazos; sin embargo, el tono general es deslavazado e inconsistente, con una gastada fórmula narrativa que en su desarrollo jocoso suena a estrategia literaria.

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