La falsa pista

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Tusquets. Barcelona (2001). 427 págs. 17,13 €. Traducción: Dea Marie Mansten y Amanda Monjonell.

La falsa pista es la tercera novela que este autor sueco publica en español en poco más de un año, tras el arrollador éxito de La quinta mujer (ver servicio 120/00). Henning Mankell (Estocolmo, 1948) comenzó en los años sesenta como dramaturgo, actividad que compaginó con la narrativa y la literatura infantil. En la actualidad reside en Mozambique, donde dirige el Teatro Nacional. Lo que le ha hecho célebre es esta serie de novelas que protagoniza el detective Wallander, un policía que vive y trabaja en la época actual en la región de Escania, al sur de Suecia. Novelas que no son sólo narraciones de serie negra, sino que consiguen dibujar un retrato de las carencias de la sociedad opulenta y postmoderna del mundo occidental.

El libro anterior -Asesinos sin rostro (ver servicio 42/01)- presentaba al entrañable inspector como un hombre de mediana edad, divorciado hacía poco tiempo, con el desorden material de una vida en soledad acuciada por las urgencias de su profesión, preocupado por su padre que comenzaba a presentar síntomas de demencia senil y que trataba de mantener una buena relación con su joven hija. La falsa pista es muy similar a la anterior, pues cuenta con los mismos elementos: Suecia en el momento actual, detective Wallander, intriga policíaca, agilidad, descripción acertada del ambiente, detalles de crítica al estilo de vida… donde se desarrolla una trama de asesinatos en serie, realizados de una manera especialmente brutal y precedidos por el suicidio a lo bonzo de una joven, quizá extranjera.

En el otro nivel de la novela, quizás cabe destacar una más clara referencia a las pérdidas del cambio social, con añoranza de la familia tradicional: “No logramos crear una sociedad en la que la gente como él se sintiera en casa. Al volar por los aires la vieja sociedad, en la que las familias todavía estaban unidas, olvidamos reparar la pérdida con otra cosa. La soledad inmensa era un precio que no sabíamos que teníamos que pagar. ¿O tal vez elegimos pretender no verla?”. En la narración aparece el contrapunto de una de las víctimas, una adolescente dominicana proveniente de aquel Tercer Mundo, donde las referencias familiares, emparentadas con la religiosidad, dan unidad a la familia y calor a las relaciones personales.

Ángel García Prieto

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