La edad de oro

Rialp.

Madrid (2012).

143 págs.

13 €.

Traducción: José Manuel Mora Fandos.

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Este escritor escocés (1859-1932) es conocido sobre todo por El viento en los sauces (1908), una obra maestra de la literatura juvenil. La edad de oro es anterior, de 1895. Forman el libro el prólogo, sobre las personas mayores, a quienes llama los olímpicos, por vivir ajenos al mundo de la infancia, como pasaba con los dioses de los antiguos respecto a los hombres, y diecisiete capítulos que pueden leerse como breves relatos independientes, pero que guardan unidad, porque los protagonistas y el ambiente son los mismos.

Estamos en una zona británica rural. En primera persona, se nos cuentan retazos de la infancia del narrador y de sus hermanos, huérfanos, que viven con unos tíos. El tema permanente es el contraste entre la vida de las personas mayores y la de los niños. A estos les parecen incomprensibles las costumbres, la seriedad, las rigideces de aquellos, y no entienden que no participen en sus juegos y sueños, llenos de imaginación y de ganas de disfrutar, de vitalidad: lo cotidiano se transforma en aventura. Este contraste marca el tono del libro, irónico y lleno de toques de humor, aunque los protagonistas son conscientes, por otra parte, de que es una época que se les terminará pronto, porque ellos acabarán ingresando también en el Olimpo.

La prosa de Grahame es magnífica, logra llenar de vida lo más corriente, convertir quijotescamente objetos, animales, la noche, el día… en algo sublime: cruzar un riachuelo con una barca equivale a la expedición de los Argonautas, por poner un ejemplo. La infancia al aire libre era así y supongo que así seguirá siendo a pesar de los cambios y del paso de la vida rural a la urbana. Sí que llama la atención, en comparación con los tiempos presentes, el buen conocimiento que aquellas criaturas de finales del siglo XIX tenían tanto de los clásicos grecolatinos como de las tradiciones más populares, que marcaban la pauta de sus juegos. Prosa llena de color, de efectos visuales, de alardes de imaginación, que influyó en autores como Barrie, Lewis, Tolkien… Un buen libro tanto para jóvenes como para mayores.