La dinámica de la evolución humana

EUNSA. Pamplona (2007). 200 págs. 17 €.

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Este trabajo trata sobre la evolución humana y sobre la estructura y funcionamiento del cerebro humano y sus diferencias con el del chimpancé a la luz de del estudio comparativo de ambos genomas. El libro abarca las reflexiones personales de la autora tomando como base los descubrimientos más recientes.

La exposición sobre lo que se conoce de la evolución humana no se detiene en el estudio de esqueletos, fósiles y metodologías especializadas, sino que muestra las conclusiones más fiables y reflexiona sobre ellas. Llama la atención una pregunta sustancial bien detectada y poco mencionada en otros trabajos: ¿cuál es la causa de que la evolución biológica vaya hacia lo más complejo? Efectivamente, es un hecho que la evolución de los seres vivos va contra la segunda ley de la termodinámica universal, es decir, que todo lo que sucede en el universo aumenta el desorden. Sin embargo, los seres vivos aumentan su orden interno a costa de aumentar el desorden del universo alrededor de ellos. Pero ¿qué es lo que les hace ir a contracorriente? No hay una respuesta adecuada desde la ciencia a estos interrogantes.

Más adelante expone que el hombre tiene algo más que su genoma, en contraste con los primates. Por ejemplo, el cuerpo humano tiene más posibilidades que las que le corresponderían a un primate complejo, tales como el habla, el conocimiento objetivo, la abstracción, la libertad de la voluntad (amor), la capacidad de imaginar el futuro y planificar, el saber que va a morir, las motivaciones y consecuencias morales, la capacidad para generar y transmitir cultura, etc. Para todo ello el cuerpo (el genoma) tiene una serie de adaptaciones que han ido apareciendo poco a poco en la evolución, para manifestar hace unos 200.000 años personas individuales y todavía inacabadas. El cerebro humano completa ese desarrollo en función de las experiencias individuales y libres durante los años de vida personal y transmite lo aprendido a la siguiente generación a través de la cultura.

Las diferencias fenotípicas (o sea visibles) entre el genoma del hombre y el del chimpancé parecen deberse a pocos cambios, pero en regiones reguladoras, en genes relacionados con el cerebro (aumento del tamaño, aumento de la posibilidad y velocidad de conexiones neuronales, aumento de los centros relacionados con el lenguaje), en pérdida de genes que controlan automatismos instintivos (olfato, por ejemplo) y en ganancia de otros genes (por ejemplo, los que controlan los gestos faciales), en disminución de la conexión entre el instinto de reproducción y los periodos de fertilidad de la hembra, etc. Todos estos cambios van encaminados a disminuir el influjo de los instintos automáticos animales.

La exposición adquiere su mayor interés cuando se describe el funcionamiento del cerebro humano en comparación con el de los primates y otros animales (capítulos 3 y 4). El capítulo 4 contiene una excelente exposición de cómo se piensa actualmente que funciona el cerebro humano, en términos al alcance de la mayoría del público.

En la forma de la exposición, se echa de menos una mayor conexión de las afirmaciones (algunas veces son solo hipótesis actuales o interpretaciones más o menos justificadas) con las evidencias experimentales actuales. Una confrontación entre las razones que existen actualmente a favor y en contra de algunas explicaciones, con discusión sobre posibles alternativas, reflejaría más exactamente la situación actual, aunque ello sería a costa de la claridad de la divulgación.

Especialmente en el caso del funcionamiento del cerebro, todavía estamos lejos de poder afirmar con seguridad muchas cosas. Los gráficos que acompañan al texto podrían estar mejor explicados y ser de mayor tamaño, con lo que contribuirían más eficazmente a explicar el texto, a veces muy denso.

Julio Coll

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