La ciencia humilde. Economía para ciudadanos

Crítica. Barcelona (2007). 299 págs. 19,25 €.

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Una vez inmersos en una crisis económica como la actual, el ciudadano puede plantearse por qué los economistas, que siempre dan sabias explicaciones a posteriori, son incapaces de prever y prevenir las crisis a tiempo. Para comprender las dificultades previsoras de la economía, es útil leer uno de los capítulos de este libro en que Alfredo Pastor habla de las crisis y burbujas especulativas. En resumen, viene a decir que las autoridades tienen en sus manos los medios para evitar la formación de una burbuja o la generación de una crisis, pero aplicar esos medios tiene sus costes políticos, sociales o incluso económicos, y pueden preferir no hacerlo.

Este libro de Alfredo Pastor, doctor en Economía por la Universidad de Barcelona y por el MIT, y hoy profesor ordinario del IESE, nace de la experiencia de enseñar economía en escuelas de negocios. Por lo tanto, se dirige a personas que, sin pretender ser economistas profesionales, quieren saber cómo pueden afectarles los fenómenos de los que oyen hablar a diario: inflación, desempleo, desequilibrios de balanza de pagos, el tipo de interés y el tipo de cambio, la globalización… Son temas, pues, propios de la perspectiva macroeconómica. La obra acaba con un capítulo dedicado a tres asuntos menos habituales en libros de este estilo: el papel del Estado en una economía de mercado, la distribución de la renta mundial y la naturaleza de las leyes del mercado.

Pastor mantiene que la economía de mercado ha ganado la batalla de la prosperidad, pero también reconoce que el mercado da eficacia, no igualdad. Y se pregunta si, después de una época de intervencionismo estatal exagerado, no estaremos yendo demasiado lejos en sentido opuesto. Cree que la globalización es un fenómeno irreversible, que ha traído consigo más ventajas que perjuicios; pero sostiene que debe ser guiada por gobiernos, grandes empresas y organizaciones de trabajadores, que marquen los límites del terreno de juego. Y hace una advertencia en la que el economista va de la mano con el moralista: “Es verdad que la miseria embrutece, pero la búsqueda de la riqueza insaciablemente también embrutece”. Ahora que el FBI hace redadas entre los especuladores de las hipotecas basura, no es un consejo fuera de lugar.

El enfoque de Alfredo Pastor puede resumirse en claridad en la exposición, que permite asimilar lo esencial sin complicaciones técnicas; reconocimiento de lo que la economía ignora; y aceptación de que “a cualquier problema importante la economía solo puede ofrecer una solución parcial; para completarla hay que hacer intervenir otros elementos”. Una ciencia humilde, ya se ve. También se agradece que la exposición vaya acompañada de ejemplos de actualidad y que reavive la confianza del lector en que todavía hay profesores de economía capaces de escribir bien.