La caverna de las ideas

José Carlos Somoza

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Alfaguara. Madrid (2000). 430 págs. 2.800 ptas.

José Carlos Somoza (La Habana, 1959) concluye con La caverna de las ideas la trilogía iniciada con Cartas de un asesino insignificante (ver servicio 172/99) y continuada después con Dafne desvanecida (ver servicio 42/00), novela finalista del último Premio Nadal. Las tres novelas tienen en común los efectos basados en la metaliteratura, es decir, la ficción que habla de la propia literatura. Las tres son muy originales en la construcción del argumento y en su estructura, apartándose de la corriente intimista y realista que parece dominar en la literatura contemporánea. Las tres revelan intenciones vanguardistas, con un inconfundible sentido de lo lúdico. Con estos planteamientos, Somoza se aleja de la estética imperante y recorre en solitario un camino entretenido y llamativo, aunque, como se ha advertido en alguna que otra ocasión, corre el peligro de reducir la literatura a simple juego de artificio.

Al principio de La caverna de las ideas parece que estamos ante una novela de género negro, ambientada en la Atenas de Platón. Heracles Póntor, el Descifrador de Enigmas, mitad filósofo mitad detective, se encarga de resolver el misterioso asesinato de un alumno de la Academia de Platón. La investigación se complica, y lo que parecía una simple muerte violenta se transforma en una novela de aventuras y de ideas, donde aparecen como telón de fondo las corrientes filosóficas del momento.

Pero el argumento contiene también otra trama que poco a poco se va apoderando de sus páginas y que comienza tímidamente a aparecer en las notas a pie de página de la novela de intriga. Se trata de las vicisitudes que atraviesa el traductor de la obra, quien, a la vez que realiza su labor, incluye reflexiones (algunas fuera de lugar) sobre lo que le sugiere la traducción. El traductor empieza a descubrir que la novela esconde mensajes ocultos, estableciéndose así un curioso juego entre el texto, el lector y el traductor. Pero lo que éste ve en el texto es cada vez más peligroso, y llega un momento que descubre que lo que está en peligro es su propia vida.

La caverna de las ideas es un texto inteligente que mezcla metaliteratura, novela de ideas y de detectives. Puede parecer un tanto pretenciosa, sobre todo cuando la intriga despierta demasiadas expectativas que luego se cumplen a medias. Pero, aun con estas debilidades, es una novela original en su arquitectura, en su trama, en sus personajes y en su resolución.

Adolfo Torrecilla

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