La casa de los hombres

Ediciones Apóstrofe. Barcelona (2008). 220 págs. 19 €. Traducción: Roser Berdagué.

TÍTULO ORIGINALLa maison des hommes

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Reedición de una de las obras más significativas de Édouard Jeanneret, arquitecto, teórico y pintor suizo que adoptó el sobrenombre de Le Corbusier.

En esta obra de 1942, el autor mantiene que la ciudad se concibe para la liberación y realización de la persona humana. Esto será posible mediante la estabilidad física en un lugar y en un trabajo, pero además debe mantenerse la armonía de la población con la geografía utilizando una técnica “sabiamente progresiva”. Aunque aparentemente liberadoras, algunas ideas que plantea Le Corbusier suponen medidas restrictivas de la libertad de la persona. Acierta sobre el peligro de las ciudades cárceles, en las que el centro de actividad dista kilómetros de las zonas de residencia y las ciudades satétiles mal planteadas. Opina que si queremos “construir para el hombre”, hay que volver al “ciclo de las 24 horas y la radiación del día: trabajo, esparcimiento y reposo, regulados por la luz solar”.

¿Cómo construir? A través de la elección de módulos realizada por el arquitecto y sometidos a la regla del “número de oro”, cuando la gran industria se pone al servicio de los hombres. De esta forma, la necesidad de un alojamiento para todo el mundo será posible gracias a los elementos de la construcción producidos por la industria. El proyecto de Le Corbusier es una “vivienda digna de hombres rehabilitados gracias a su victoria sobre la máquina”.

Todos los elementos se diseñan en función del bienestar de los habitantes; instalaciones para los niños, para el deporte, centros de salud etc. Construir en altura, en torno a cincuenta metros para liberar el terreno, con varios ascensores, poner un jardín terraza en el piso superior, el empleo de ventanas longitudinales, la utilización de pilotes o pilares sobre los que se elevan los bloques, son algunas de las propuestas del arquitecto que aún hoy están vigentes. Entre el abanico de las tareas de la construcción, Le Corbusier considera que el alojamiento ocupa el lugar principal, como también la familia en la sociedad, “puesto que es el germen” de la misma.

Advierte del peligro de la especulación inmobiliaria y propone medidas apropiadas para regularla. La movilización de suelo nacional consiste en el pago de la deuda de una “casa del hombre” que el Estado tiene contraída con cada ciudadano. Le Corbusier expone su fórmula para encontrar la armonía entre el Estado y la Región, y la Región y la Corporación. El arquitecto suizo diseña un equilibrio demográfico entre la ciudad y el campo; entre la producción de energía y la naturaleza, para hacer posible que la ocupación de la tierra responda a su ideal de “simbiosis” de la industria y del campo.

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