La buena gente del campo

Nórdica. Madrid (2011). 72 págs. 8 €. Traducción: Marcelo Covián.

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La estadounidense Flannery O’Connor (1925-1964) escribió algunos de los mejores cuentos del siglo XX. La buena gente del campo, publicado por primera vez en la revista Harper’s Bazaar en 1955 y ese mismo año en el libro Un hombre bueno es difícil de encontrar, es uno de ellos. Ahora ve la luz en la original colección minilecturas de Nórdica.

La señora Hopewell y su hija, Joy, viven en una granja sureña en compañía de una familia de arrendatarios, cuando un joven vendedor de Biblias llama a su puerta. Manley Pointer pertenece, al igual que la arrendataria, a la “buena gente del campo”, sencilla e inocente, en oposición a Joy, quien, a sus treinta y dos años y con un doctorado de Filosofía a sus espaldas, se muestra descreída y recelosa, sobre todo tras el accidente de caza en el que perdió una pierna. Joy y Pointer se citan a la mañana siguiente para dar un paseo por el bosque, ella con la intención de seducirlo y él con otra muy diferente. Con su maestría habitual, Flannery O’Connor desvela la verdad y la máscara de cada uno de los personajes.

Incómodo y tórrido como una novela de William Faulkner, audazmente construido y resuelto con brillantez, La buena gente del campo resume a la perfección las intenciones y el estilo de su autora, que fijó su mirada en los desheredados y los ruines, no para regodearse en su miseria, sino para sacudir la conciencia del lector y elevarlo en un soplo de esperanza, describiendo las consecuencias del nihilismo en la sociedad.

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