La bendición

Libros del Asteroide. Barcelona (2008). 318 págs. 18,95 €. Traducción: Milena Busquets.

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Las dos anteriores obras de Nancy Mitford editadas por Libros del Asteroide, A la caza del amor (1945) y Amor en clima frío (1949), sirvieron para descubrir a una escritora muy divertida que retrataba sin piedad la aristocracia británica del periodo de entreguerras, a la que también ella perteneció. Libros del Asteroide recupera ahora La bendición, de 1951, una obra en la que vuelven a repetirse sus intenciones estéticas y literarias, con una mayor dosis de sociología.

En esta ocasión Mitford describe los modos de vida de los círculos aristocráticos franceses tras la Segunda Guerra Mundial. La protagonista es Grace, una joven hija de un importante político inglés que se casa durante la guerra con Charles-Edouard, miembro de una de las familias más ricas de Francia. Al acabar la guerra, el matrimonio, más Sigi, el niño que nace durante la separación, vuelve a reencontrarse y se trasladan a vivir a Francia. Grace teme no encajar en el refinado ambiente en el que se mueve su marido, tan distinto de la vida que llevaba en Inglaterra. Las fiestas son continuas, lo mismo que las sorpresas y los problemas en el matrimonio por culpa de la frivolidad y las infidelidades de Charles-Edouard. Sigi, el niño, se aprovecha de esas desavenencias y provoca con su conducta múltiples malentendidos.

El argumento es un tanto débil, pero no es lo importante. Mitford pone el acento en el irónico retrato de una aristocracia elitista que desprecia todo aquello que no encaje en su manera de entender el mundo. En este sentido, la novela acierta a retratar una serie de familias y personajes que hacen todo lo posible por mantener su estilo de vida en un mundo que les da la espalda. Muy bien ambientada, también muestra las diferencias entre la aristocracia francesa e inglesa, con el telón de fondo de la guerra fría y la aparición de los norteamericanos como nuevos dueños del mundo, lo que provoca interesantes debates y reflexiones. Y aunque se trate de un tema secundario, también se cuestiona la educación que reciben muchos niños de familias separadas, donde cada parte acepta todos los chantajes para hacerse con el favor, la predisposición y el cariño del niño.

El retrato que hace Mitford de este mundo es muy real, pues ella escribe de lo que sabe y domina. Se habla de las fiestas, de la obsesión por los formalismos, de las obligaciones familiares, del respeto a la tradición, de la amoralidad con la que se afrontan algunas cuestiones, de las preocupaciones culturales y estéticas, de los lugares que frecuentan los aristócratas, etc. Todo, como suele ser habitual en Mitford, con un elegante toque irónico.

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