Izad más banderas

RBA.

Barcelona (2012).

267 págs.

21 €.

Traducción: Carlos Villar Flor.

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Izad más banderas, publicada por primera vez en 1942, tuvo, contra todo pronóstico, un éxito arrollador a pesar de la censura militar, la escasez de papel y la carestía generalizada. Lo granjeó por sus propios méritos (humor, autocrítica, ritmo, contención) y por la oportunidad de ser la primera obra literaria no propagandística que estaba ambientada en una guerra todavía inconclusa. En sus páginas podemos disfrutar de la sátira con la que Evelyn Waugh supo fustigar los aspectos menos brillantes de su entorno social; en especial, la intelectualidad comunista educada en Cambridge y los calaveras de las clases opulentas de los años treinta.

Basil Seal, libertino protagonista de Merienda de negros, se pasa el primer año de guerra eludiendo el reclutamiento militar e intentando “sacar tajada del conflicto”. A esto último le ayuda la confusión generalizada que los británicos con buena voluntad padecen con las medidas emprendidas por los responsables de la defensa del país. Esa confusión nace, entre otras cosas, de un laberinto de improvisadas organizaciones militares, paramilitares y “de apoyo a la guerra”, que había levantado apresuradamente una nueva clase de burócratas recién reclutados. La conjunción de desconcierto e ignorancia creó un medio ideal para que un caradura sin demasiados escrúpulos aspire a hacerse un sitio en las altas esferas. Y eso es, precisamente, lo que va a intentar Basil Seal.

Sobre ese esquema narrativo se hilvanan episodios de humor y consternación que reflejan el primer año de un conflicto que, sin embargo, irá transformando lentamente las vidas de los jóvenes parásitos presentes en la narración y les llevará a experimentar unos cambios psicológicos y sociales que anuncian, en 1942, la aparición de “un espíritu nuevo”.

Con esta novela Waugh cierra su etapa de juventud. Cualquiera que haya leído Retorno a Brideshead o la trilogía de La espada del honor (Hombres en armas, Oficiales y caballeros, La espada del honor) percibe que las últimas tienen otro tono. Lo que no varía son los valores estilísticos que hicieron de Waugh un autor de éxito.

La expresión concisa y elegante, la creación de equívocos y sobreentendidos, la ironía, la caricatura comedida y el retrato sintético de las psicologías de los personajes, hacen de esta novela una lectura gozosa y una ocasión de aprendizaje. La novela llega al público español con la traducción de Carlos Villar, quien, tras realizar el mismo trabajo con la trilogía La espada del honor para la editorial Cátedra, se afianza como uno de los mejores conocedores en España de la obra del autor inglés.