Indian Killer

Sherman Alexie

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Muchnik. Barcelona (1997). 448 págs. 3.500 ptas. Traducción: Jordi Arbonès.

Los indios norteamericanos no llegan al 1% de la población y son la minoría más marginal: un 32% vive por debajo del umbral de la pobreza y la proporción de alcohólicos es cinco veces superior a la del resto de la población. Al igual que está sucediendo con otros grupos sociales y como consecuencia del auge del multiculturalismo, desde hace años aumenta la presencia, a veces meramente folclórica, de la cultura nativa en el cine, el arte, la música y la literatura. En líneas generales, estos artistas rechazan el mestizaje y reivindican los genuinos valores ancestrales indios.

Muchnik ha traducido al castellano a dos autores que representan la vertiente literaria de este fenómeno: Susan Power, autora de Vísteme de hierba (ver servicio 84/96), y Sherman Alexie, del que se han publicado sus dos libros anteriores, La pelea celestial de Llanero Solitario y Toro (ver servicio 37/95) y Blues de la reserva (ver servicio 3/96), con unos indios que padecen una irremediable esquizofrenia cultural.

Si hasta ahora Alexie había decidido abordar la difícil problemática de los indios con el recurso al simbolismo, al sentido del humor y a los contrastes, en Indian Killer el tono escogido remite a la denuncia social. Con un argumento de intriga (un presunto asesino indio causa el terror entre la población blanca), Alexie toma abiertamente partido por su cultura indígena y expresa las reivindicaciones de una población que, a su juicio, continúa sufriendo la marginación y la xenofobia. La aparición del Indian killer hace crecer en los indios un ancestral afán de revancha y saca a relucir muchos odios contenidos.

Más que las peripecias policiales y la personalidad del asesino -los dos aspectos más débiles de esta novela-, Alexie muestra el valor simbólico de las muertes de los blancos y los modos de vida de tantos personajes que parecen perdidos, ahogados y determinados por su condición social. Junto a la calidad literaria y al poder sugestivo de un estilo en el que se mezclan los tonos líricos con el realismo social, el libro tiene un indudable valor documental, al ofrecer una visión descarnada de ese malvivir y de la falta de oportunidades y de horizontes de una población indígena en franco peligro de extinción. Sin embargo, Sherman Alexie adopta en el libro la postura más cómoda: el recurso a la nostalgia idílica, a una visión melodramática y estéril de su pueblo que no ofrece alternativas atrayentes ni actuales; en el fondo, otra forma de condena.

Adolfo Torrecilla