Imposturas

TÍTULO ORIGINALShroud

GÉNERO

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Anagrama (Barcelona). 280 págs. 17 €. Traducción: Damián Alou.

John Banville (Irlanda, 1945) es uno de los grandes de las actuales letras inglesas. El mismo George Steiner ha alabado su elegancia estilística y su inteligencia. Pero a los grandes cabe exigirles lo mejor. “Imposturas” es una novela brillante, ambiciosa, que trata el posmodernísimo tema de la identidad fragmentada llevando hasta las últimas consecuencias la estética más seria de la vanguardia novelística actual, nihilista en los conceptos y sofisticadísima en la forma.

Alex Vander es un prestigioso filósofo belga que, poco después de la Segunda Guerra Mundial, emigró a Estados Unidos, donde labró fama internacional a costa de una refinada estrategia de usurpación identitaria que, ahora, en el crepúsculo de su vida, le está pasando la más amarga de las facturas: la de un remordimiento moral que creía haber neutralizado merced al pretendido estatuto de impasibilidad del intelectual deconstructivista. Pero irrumpe en su vida la carta de Cass Cleave, una extraña joven, ferviente lectora de sus libros, que representa la amenaza quizá redentora del desenmascaramiento. Consciente de haber pasado toda su vida entre la resuelta afirmación del no-yo (toda su trayectoria intelectual ha sido un intento de justificación de la impostura cuya ilegitimidad final se nos sugiere de continuo y explica el sentimiento de culpa de Vander como motor profundo de su acción en la novela) y el temor del descubrimiento, el protagonista decide quemar las naves y conocer a su corresponsal citándola en un hotel de Turín, ciudad a la que tiene que acudir invitado a un congreso.

Se inicia entonces una enfermiza relación -intelectual y erótica, con abundantes detalles obscenos, absurdamente solipsistas- entre dos personajes igualmente carentes de identidad, el uno por propia voluntad y por las circunstancias históricas que le tocó vivir (judío, padeció la persecución de los nazis en su Bélgica natal) y la otra por una obsesionante patología que recibe el nombre de síndrome de Mandelbaum. Banville bucea en la psicología de ambos a niveles de profundidad ciertamente extraordinarios, desvela sin concesiones oscuras abyecciones de la existencia humana, sirviéndose de una técnica de focalización que asume alternativamente la voz de la conciencia de Vander en primera persona, la de un narrador omnisciente y la de un estilo indirecto libre focalizado en la conciencia de Cass. Se logra así una panoplia discursiva en la que lo analítico y lo lírico componen un texto denso, turbio, minucioso. La deriva de la novela sugiere la progresiva humanización de Vander a costa del sacrificio vital de Cass.

Ahora bien, cuando se ha caído muy bajo, la posibilidad de la redención queda inevitablemente averiada so pena de dañar la verosimilitud. Por eso, la impresión que deja esta lectura es de falta: ética, y por ello también literaria. Valoramos la calidad de los medios, pero comprobamos que el autor no ha sido capaz de alcanzar el fin propuesto: comprender la impostura para superarla, quedándose en lo primero.

Jorge Bustos Táuler