Identidades proscritas

Juan Pablo Fusi

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Seix Barral. Barcelona (2006). 348 págs. 19,50 €.

“Identidades proscritas” es la continuación de “La patria lejana” (ver Aceprensa 90/03), obra en la que Juan Pablo Fusi, profesor de Historia en la Universidad Complutense de Madrid, abordó el tema del nacionalismo en el siglo XX. En estas páginas se dedica a analizar la otra cara de la moneda, es decir, el fenómeno de los no nacionalistas que, conviviendo con el nacionalismo, intentaron construir sociedades culturalmente plurales.

Conviene resaltar, como hace Fusi, “que el no nacionalismo es un hecho social e histórico al menos tan sustantivo como el nacionalismo” porque el concepto de identidad colectiva es un problema complejo y persistente de las sociedades, pero también irreemplazable. No existe, ni puede existir, un consenso sobre cuál es el factor determinante de la “nacionalidad”. Fusi explica precisamente que el nacionalismo, mezclado con un pasado y una lengua específica, se ha conformado gracias a esta indefinición.

Se equivocaría, sin embargo, quien creyera que el autor habla del no nacionalismo como una oposición ideológica a los defensores de la idea nacional. Más bien la frontera está entre las posturas que justifican la exclusión y las que fomentan la pluralidad.

En el libro se estudian los casos del País Vasco, Irlanda, Sudáfrica, Escocia, Québec y el problema judío; en ellos se advierten características comunes. A juicio de Fusi, las visiones nacionalistas surgen como respuesta a la modernización social y económica; así ocurre en el caso del País Vasco, de Irlanda o de Escocia.

Como contrapunto, los no nacionalistas han encabezado, según Fusi, el vanguardismo social. Se comprende de esta forma que hayan estado vinculados al movimiento socialista o comunista, como ocurrió en Escocia, con un peso notable en la elaboración del laborismo británico; o en Québec, con los gobiernos del Partido Liberal; en Sudáfrica, se recuerda, el no nacionalismo evitó que el Congreso Nacional Africano instalara el “apartheid” en contra de los blancos.

Uno de los capítulos más interesantes es el dedicado al sionismo. Fusi cree que este movimiento, poco apoyado, fue en ocasiones la única salida que tuvieron los judíos asimilacionistas para escapar a las leyes antisemitas de la década de los treinta. Pero no hay que olvidar el protagonismo que la intelectualidad judía tuvo durante los primeros años del siglo pasado, con Benjamin, Freud o Kafka, entre otros.

Este libro constituye además de una brillante exposición histórica del problema nacional, una magnífica introducción a la historia mundial del siglo XX. Al mismo tiempo es una demostración de la erudición de Fusi y de su estilo claro y divulgativo, lo que le ha convertido en un referente de la historiografía española. Habría que matizar, sin embargo, algunas de sus afirmaciones, en las que se perciben claramente sus prejuicios ideológicos. Así, la Iglesia católica queda en ocasiones malparada e incluso es acusada de cierta tolerancia con el terrorismo de ETA, sin que se mencione en ningún momento, por ejemplo, las notas de la Conferencia Episcopal Española sobre la violencia etarra. Además, de forma exagerada, Fusi identifica el no nacionalismo con los movimientos socialistas, sin señalar las contribuciones de otras personas o partidos.

Josemaría Carabante

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