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Hijos de la fábula

Hijos de la fábula

EDITORIAL

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2023)

Nº PÁGINAS320 págs.

PRECIO PAPEL20,90 € €

PRECIO DIGITAL10,99 € €

GÉNERO

Tras el paréntesis de Los vencejos, vuelve Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959) a ambientar su última novela en el País Vasco, como ya hizo en Los peces de la amargura y, de manera muy especial, en Patria, novela que ha vendido más de un millón de ejemplares y que se ha convertido en un éxito también internacional. Si en estas dos novelas Aramburu escribió sobre la presencia de ETA en la sociedad vasca de una manera trágica, en Hijos de la fábula ha optado por el esperpento.

Dos jóvenes de apenas veinte años, Asier y Joseba, toman la decisión de militar en ETA. Seis meses después, los jefes deciden trasladarlos a territorio francés, a una casa en Albi, localidad cercana a Toulouse, donde deberán permanecer ocultos a la espera de su cursillo de adiestramiento. Pero cuando llevan unas semanas totalmente aislados en una granja de gallinas, ETA toma la decisión en octubre de 2011 de abandonar la lucha armada y los dos aspirantes se encuentran a partir de ese día en territorio de nadie, pues los enlaces y los jefes de ETA se olvidan de ellos.

En vez de volver al País Vasco, deciden renegar de ETA y fundar su propio movimiento de liberación, que imitaría los actos de ETA y volvería a reclamar la liberación de Euskal Herria. Aunque intentan llevar un estilo de vida lo más parecido posible al de los miembros de ETA en la clandestinidad, nada les sale como tenían previsto y su entrenamiento se convierte en una cascada de patéticos fiascos. Con la compañía de María Cristina, a quien han conocido en Toulouse en casa de Txapala, antiguo militante de la banda, se instalan unas semanas en Zaragoza, donde tienen previsto iniciar su causa armada.

Con una ironía desbocada, Aramburu se burla de los métodos de los aspirantes a terroristas, de su fundamentalismo ideológico, del sentido de la disciplina y del ingenuo extremismo político de Asier y Joseba, que se limitan a repetir frases y eslóganes de la lucha terrorista. La parodia del mundo cerrado de ETA, de sus técnicas y objetivos, es cruel, a pesar de que la novela tenga escenas divertidas. Eso sí, Aramburu no oculta desde el primer momento sus objetivos literarios, que no son otros que la sátira del entramado social de ETA.

En su desarrollo, muchas escenas son previsibles y otras están excesivamente planificadas. No faltan ingredientes discutibles, como el papel que desempeña la zaragozana María Cristina en la trama, y los lances amorosos con uno de los protagonistas, Asier, lo mismo que el mordaz retrato que hace de los granjeros franceses que acogen a los dos candidatos a terroristas.

Hijos de la fábula tiene buenos momentos, sobre todo al principio, cuando Asier y Joseba soportan unas normas claustrofóbicas y espartanas para no levantar sospechas entre los vecinos; y también cuando descubren que se han olvidado completamente de ellos. El resto de la novela consiste en la reiterativa narración de las decisiones frustradas que toman dos gudaris de cartón piedra.

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