He vencido al mundo, la quinta novela de Christian Gálvez (Madrid, 1980), tiene bastante relación con su anterior obra, Te he llamado por tu nombre, publicada en 2024. También está ambientada en los años finales de la vida de Jesucristo. Si la anterior la protagonizaba Jacob, un chico de nueve años sobrino de uno de los apóstoles, ahora la acción se centra en cómo vivieron la semana de la Pasión tres personajes diversos: Judas, el oficial del ejército romano Cornelio y la Virgen María.
Gálvez se ha documentado muy bien para escribir estas dos novelas, que presentan de manera amable y divulgativa muchos hechos vinculados al nacimiento del cristianismo. Recrea muy bien los escenarios donde transcurren hechos fundamentales, como la entrada en Jerusalén montado en un asno, la Última Cena, el prendimiento en el Huerto de los Olivos, el juicio de Pilatos, la condena a muerte y la posterior Resurrección.
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También saca partido, con su imaginación, a personajes, lugares y momentos que no aparecen explícitamente en los Evangelios o que se mencionan muy brevemente. Es el caso de María Magdalena, el soldado romano Longinos, Débora (la hermana de Judas), Gedeón (hermano de Simón, también Zelote), José de Arimatea, Judas Tadeo…
Los principales momentos de la Pasión tienen como testigos directos a María y a Cornelio, ya convertido al cristianismo tras la curación de su hijo. Los dos le sirven al autor para ir desgranando las principales escenas de una muerte anunciada, prevista, querida, que Jesucristo ofrece como sumo y eterno sacrificio. En todo momento, la referencia son los textos sagrados y los momentos en que Gálvez introduce elementos más creativos están en consonancia con el relato evangélico.
Más libertad narrativa se toma con el personaje de Judas. Gálvez muestra las dudas de Judas sobre el mensaje y la figura de Cristo, pero a diferencia de otras versiones, el apostol aparece como una pieza necesaria para la redención. Incluso en la novela se lo dice el mismo Jesucristo: “Esta historia no se puede escribir sin ti, Judas”. Y “Sin ti el mundo no comprenderá el verdadero sacrificio”. Y “No es la traición lo que duele. Es el precio que tú vas a pagar por hacer lo que el cielo necesita”.
Personaje ambiguo, contradictorio, Gálvez lo considera una pieza imprescindible, pero no lo juzga como un traidor sino que, a pesar de todo, mantiene la amistad con Jesucristo. Su versión de la figura de Judas la explica en un apéndice, con referencias a evangelios apócrifos y a la consideración de Judas a lo largo de la historia. Es, quizás, la decisión más arriesgada de la novela y la que puede provocar más extrañeza.
Como en la anterior novela, el estilo es funcional y sencillo, aunque también intenta dotar a la narración de cualidades literarias, de efectos interesantes, de sugerentes elementos simbólicos (como el burrito de madera que la Virgen siempre lleva consigo en recuerdo de José, que se lo hizo a Jesús como juguete). Los últimos momentos de la Pasión están narrados con mucha emoción.
Además de ser un conocido presentador de programas televisivos, Christian Gálvez es un experto en Leonardo da Vinci, sobre el que ha publicado varias novelas y biografías. También fue comisario en 2019 de la exposición Leonardo da Vinci: los rostros del genio.