Gödel. Paradoja y vida

Antoni Bosch Editor. Barcelona (2006). 259 págs. 19,50 €. Traducción de Víctor Úbeda.

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Kurt Gödel (1906-1978) no goza del mismo prestigio que otros científicos contemporáneos suyos como Albert Einstein. Posiblemente contribuye a ello el hecho de que sus logros se produjeron en un campo, el de la lógica matemática, propio de las ciencias formales y no en alguna rama de la ciencia que haya podido influir directamente en el conjunto de la sociedad.

Sin embargo, sus grandes aportaciones a la lógica formal (los dos teoremas de incompletitud) “se extienden -según su biógrafa- mucho más allá de su estrecho ámbito formal y abordan cuestiones tan vastas y espinosas como la naturaleza de la verdad, el conocimiento y la certidumbre”. Podríamos decir, parafraseando a Kant, que junto con la teoría de la relatividad de Einstein y el principio de incertidumbre de Heisenberg, los teoremas de incompletitud de Gödel despertaron a la ciencia moderna de su “sueño dogmático”.

El libro nos presenta, en todo momento, un Gödel muy humano (hasta los límites del drama personal en sus últimos días), en ocasiones un tanto idolatrado por la autora, y objeto de diversas interpretaciones, como aquella que le ve como el artífice del freno al sueño de la anhelada hiperracionalidad. Como ha señalado Stephen Hawking, desde esta perspectiva sus teoremas se erigen como un obstáculo insalvable para quienes buscan una Teoría del Todo que pueda explicar todas las fuerzas de la naturaleza. Pero también se le ha interpretado como el proveedor de combustible para la hoguera relativista de la postmodernidad, al creer que sus teoremas legitiman ver toda verdad como una creación esencialmente artificial. Entonces: ¿Quién fue Kurt Gödel? ¿Qué dicen realmente sus teoremas? Y, sobre todo, ¿cuánto pueden dar de sí? Estas cuestiones siguen siendo objeto de controversia y la autora las analiza con claridad y detalle.

Rebecca Goldstein nos ofrece un buen instrumento para acercarnos a la dimensión humana e intelectual de este genio universal. La autora nos revela un Gödel cordial, siempre amable con sus alumnos, pero que a la vez era un espíritu atormentado. La combinación de estos factores hizo que sus alumnos le llegaran a ver como un dios; pero, a su vez, Gödel se vio arrastrado hasta el abismo por la gigantesca tarea que se había impuesto. Aunque siempre estaba rodeado de gente, Gödel era, como diría Hermann Hess, un auténtico lobo estepario.

Einstein fue su único amigo, pese a las diferencias abismales de carácter y pensamiento, el único con el que podía hablar de lo “esencial”. La muerte del amigo le dejó solo. Casi 25 años de soledad espiritual le llevaron al borde del derrumbamiento psicológico; drama personal que no pudo soslayar ni siquiera a partir de su cosmovisión teísta (recuperó el argumento ontológico como prueba racional válida para demostrar objetivamente la existencia de Dios, algo que escandalizaba a muchos de sus alumnos).

Goldstein, que fue alumna de Gödel, nos aporta luz para entender la vida y la obra de este gran pensador, el más desconocido para el gran público entre los genios del siglo XX.

La única dificultad que puede presentar el libro al lector no familiarizado con la lógica formal son unas pocas páginas dedicadas a explicar la fundamentación de los teoremas citados. Por lo demás, la prosa atractiva de Goldstein nos guía, también, por algunos de los grandes hitos intelectuales del siglo pasado.

Carlos A. Marmelada

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