Gente que vino a mi boda

Soledad Puértolas

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Anagrama. Barcelona (1998). 249 págs. 1.950 ptas.

El título del libro corresponde al último de los diecisiete relatos que lo componen, y que guardan cierta unidad. La acción es casi mínima en todos ellos; más bien se trata de instantáneas, de breves sucesos, de evocaciones, de situaciones que la autora tan sólo esboza y que, a veces, deja conscientemente incompletas. Son retazos de vidas, con escasas referencias a lugares concretos, en ambientes urbanos, de clase media, de la sociedad española actual.

Hay unidad también en los comportamientos y puntos de vista de la mayoría de los personajes que figuran en los diversos relatos, y en ese aspecto el libro resulta un tanto reiterativo. Retratan hombres y mujeres desencantados, que han perdido las ilusiones y los sueños juveniles, que han fracasado y están de vuelta de casi todo, en especial de “estos frágiles amores que a veces se elevan, colman, estallan, que a veces se diluyen, flotan, se esfuman, no son nada”; parecen personajes prematuramente envejecidos. En ese sentido, los relatos reflejan bien en qué han acabado buena parte de los sueños que animaron a los revolucionarios del mayo del 68.

Todo está dicho aquí sin estridencias, sin dramatismos, como de puntillas, con el estilo preciso y el cuidado característico de la autora. Este modo de contar se corresponde bien con el tono general del libro, en el que parece que no pasa nada, pero que deja un poso de desdicha, de mediocridad y de escasa confianza en la capacidad de las personas para comprometerse de veras en algo noble, de vivir ilusionados.

Luis Ramoneda

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