Firmin

Seix Barral. Barcelona (2007). 222 págs. 16,50 €. Traducción: Ramón Buenaventura.

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Esta singular novela protagonizada por una rata apareció publicada en 2006 en una pequeña editorial de Minneapolis y desde entonces no ha parado de ganar premios, con una excelente acogida internacional. A este éxito contribuye también la personalidad de su autor, Sam Savage (Carolina del Sur, 1940), doctor en filosofía por la Universidad de Yale, que ha repetido que no piensa volver a escribir nada. Se trata, pues, de una atípica novela sobre la fascinación de la lectura y sus consecuencias más o menos existenciales.

La protagonista es Firmin, una miserable rata de alcantarilla, hija de Flo, una rata vagabunda que ha parido diez ratas en el sótano de la librería Pembroke, de Boston. Desde el principio, Firmin siente que es una rata especial, pues no hace ni siente lo que sus congéneres. Para alimentarse, empieza a devorar algunos volúmenes de la librería hasta que aprende a leer. A partir de ese momento, la lectura le da una conciencia humana. Poco a poco, devora los grandes autores clásicos, que le van dando la formación necesaria para razonar, contemplar y analizar la existencia. Firmin completa su formación cuando acude a buscar alimento al Cine Old Howard, donde a partir de la medianoche sólo se proyectan películas pornográficas. Cuando la librería Pembroke desaparece, se va a vivir en el mismo edificio con un escritor fracasado, alcohólico, pero buena persona. La novela, ambientada en los años sesenta, refleja la transformación de la vida en la ciudad a causa de la voracidad urbanística de aquella época.

Firmin cae bastante bien. Lleva una vida más bien pacífica, dedicada a la lectura y a describir la vida en la librería Pembroke y en la plaza donde está ubicada. Su mirada de las cosas resulta simpática, aunque por culpa de las lecturas y de lo que contempla desde sus escondites no tiene precisamente una visión muy optimista del ser humano. Más que darle felicidad, el contacto con la literatura le ha dejado descolocada, sin agarraderos para tener una idea sólida de lo que es la vida y lo que tiene que hacer.

Su perplejidad existencial se manifiesta también en su afición a las películas pornográficas, como si la literatura -parece decirnos su autor- fuese la única salvación al vacío de la auténtica vida, aunque es precisamente su desmedida afición a la lectura la que ha conducido a Firmin a la soledad y al desencanto. Con todo, la novela es un entretenido homenaje al mundo de los libros.

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