Fin

Acantilado. Barcelona (2009). 350 págs. 23 €.

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Un grupo de antiguos amigos de estudios vuelven a encontrarse veinticinco años después para dar cumplimiento a la promesa que hicieran en una acampada. Unos están solteros, otros comprometidos y separados, y otros acuden con sus respectivas esposas. En total, nueve personas, pues al final no aparece en la reunión Andrés, a quien llamaban el Profeta, y al que rodea una extraña historia que no acaba de conocerse del todo y que planea a lo largo de la novela como uno de sus hilos conductores. Al parecer, todos los compañeros se confabularon para gastar al Profeta una broma que resultó gruesa y de mal gusto y que, al final, provocó también la disolución del grupo. Nadie ha olvidado lo sucedido y, junto con las habituales conversaciones sobre la mella del paso del tiempo, es uno de los temas obsesivos sobre el que giran las conversaciones de esa noche. Pero, de pronto, empiezan a suceder cosas extrañas y este singular grupo de personajes se convierten en los excepcionales testigos de un mundo en extinción. Curiosamente, todos los compañeros interpretan que el mundo apocalíptico que están padeciendo es una consecuencia de lo que veinticinco años atrás hicieron con el Profeta.

El argumento puede parecer, en su evolución, bastante tópico, pues abundan las novelas y películas sobre el fin del mundo. Pero la novela es original gracias a que el autor, más que centrarse en las enigmáticas circunstancias externas que viven, totalmente excepcionales, se basa en la descripción de los caracteres de los personajes y en las contradicciones entre el pasado, sus vidas actuales y cómo interpretan lo que están viviendo. En esas circunstancias, cada uno saca a relucir lo mejor y lo peor y, también, algunos recelos del pasado vuelven como puñaladas.

Cada personaje tiene sus luces y sombras, y aunque al ser tantos se cae en una previsible tipificación, el autor sabe transmitir las dudas y temores que sienten. Lo mejor es el enfrentamiento dialéctico de los personajes. Para reforzar este aspecto, la novela está escrita con una técnica que en ocasiones se asemeja a los diálogos de una obra de teatro, con largas acotaciones que describen los estados de ánimo y las diferencias de los personajes.

Ambientada en la actualidad, la mayoría de los personajes reflejan actitudes contemporáneas ante la vida, sin ninguna visión trascendente de los hechos. La novela, que hubiese sido más redonda con menos páginas, no logra superar la sensación de lo que cuenta es demasiado inverosímil, a pesar de tratarse de un hecho excepcional.

Fin es la primera novela de David Monteaguado (1962). Un buen estreno literario.