Europa en la era global

Paidós. Barcelona (2007) 314 págs. Traducción: Albino Santos Mosquera.

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Quien quiera conocer los problemas sociales y económicos de la Unión Europea, hará bien en leer esta obra de Anthony Giddens, ex director de la London School of Economics y uno de los teóricos del “nuevo laborismo” de Blair. No es un análisis de la UE como organización sino un recorrido por los problemas de las sociedades y por las soluciones aportadas por distintos Estados europeos.

Giddens representa un socialismo liberal, radicalmente opuesto a esa izquierda que reniega del neoliberalismo, desea un mayor intervencionismo del Estado, achaca todos los males a la globalización y ve en el término “competitividad” una amenaza. El sociólogo británico es un defensor del modelo social europeo, aunque no en el sentido italiano o francés del término, más bien toma como paradigma a los países nórdicos, pues algunos de ellos, como Finlandia, han sabido adaptarse rápidamente a los retos de la economía global.

Giddens certifica la limitación del discurso tradicional de la izquierda dirigido principalmente a los obreros industriales, que cada vez representan menos en el conjunto de la economía europea. La visión de Giddens es la de una sociedad postindustrial, en la que la formación no se limita a etapas concretas de la existencia, y en la que la prolongación de la vida no debería llevar a prescindir del capital humano cualificado. En las sociedades envejecidas, el autor defiende políticas de fomento de la natalidad, aunque tampoco duda en aplaudir ese intervencionismo estatal en nombre de la salud que invade a la legislación europea.

Y en su pragmatismo se atreve incluso a cuestionar el dogma keynesiano del pleno empleo, al que considera desfasado. Apuesta, en cambio, por la “flexiseguridad”, lo que significa que la defensa del empleo puede hacerse favoreciendo un mercado laboral flexible, en el que el trabajador cambie de empleo a lo largo de su carrera en función de la formación que vaya adquiriendo.

El discurso de Giddens está, por lo tanto, en la línea de Tony Blair, en la combinación de la protección social con el dinamismo económico, y en una visión de Europa que intenta superar la dicotomía entre federalismo y cooperación intergubernamental. Si los Estados comparten soberanía en múltiples aspectos, salen más beneficiados que si actuaran por separado, sobre todo en un mundo en que la industrialización de algunos países emergentes es imparable.

Pese a todo, la Europa defendida por Giddens no debe ser sólo un ejemplo de soft power, pues no cabe desechar el aumento de sus capacidades militares. Pero acaso el problema sea que nuestro “continente-isla” está muy apegado al concepto tradicional de Estado del bienestar, no ve amenazas directas a la seguridad en sus fronteras y no es del todo consciente del papel que jugarán China, la India y otros países en las próximas décadas.

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