Ética de urgencia

Ariel.

Barcelona (2012).

163 págs.

14 €.

Fernando Savater es uno de los filósofos españoles con mayor influencia en la escuela, los medios de comunicación y la política española. Hace algo más de veinte años publicó Ética para Amador, una invitación a la reflexión ética de los adolescentes que hizo fortuna a nivel nacional e internacional. Con Ética de urgencia vuelve a dirigirse a los jóvenes pero, en este caso, no con una obra escrita directamente por él sino con la transcripción selectiva de algunos coloquios mantenidos con estudiantes de institutos de enseñanza. El resultado es un texto en el que, de forma amena y liviana, se abordan desde las cuestiones más profundas acerca del sentido de la vida humana hasta los temas más acuciantes de la actualidad.

Como no puede ser de otra manera, el libro refleja las preocupaciones e ideas básicas de su pensamiento. Savater vuelve a mostrar su interés por la educación (“las mejoras en educación son lo único que nos puede sacar del atolladero”), tema al que dedicó uno de sus más conocidos libros (El valor de educar). Insiste en que la apertura a los demás es el único camino para la convivencia (“el lubricante de las relaciones sociales es la capacidad de escuchar y de ceder”). Reafirma su convicción en la existencia de una razón universal que permite el conocimiento de la realidad y la comunicación entre las personas. Y, en estos tiempos de desafección por la política, subraya la trascendencia de la participación ciudadana: “El idiota es el que piensa que puede vivir sólo para sí mismo, desentendiéndose de la refriega política”, afirma.

Tratándose de un libro dirigido a los jóvenes resulta meritorio que advierta sobre la necesidad de dominar los deseos y concretamente los relacionados con el sexo y el dinero: “Los dos aspectos de la vida que más peligro tienen de convertirse en fines por sí mismos y volverse contra nosotros están vinculados al deseo humano: el dinero y el sexo”.

La continuidad de esta obra con su pensamiento también se manifiesta en algunas posiciones matizables que sostiene sobre religión (“la moral persigue una vida mejor y la religión busca algo mejor que la vida”) o moral (“La moral es buena intención”). A pesar de ello, y de la superficialidad con que despacha algunos asuntos, el texto consigue en buena medida lo que persigue: ser una invitación a pensar sobre los desafíos del tiempo presente, al alcance del gran público joven y adulto.

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