Escuchando a Cézanne, Degas y Renoir

Ariel. Barcelona (2008). 348 págs. 27,90 . Traducción: Isabel Margelí.

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Escuchando a Cézanne, Degas y Renoir recoge tres breves relatos en los que Ambroise Vollard, marchante de arte, editor de obra gráfica y autor de varias obras, descubre aspectos desconocidos de los artistas a quienes trató. Amigo de numerosos pintores, compartió con ellos los momentos difíciles de incomprensión y rechazo de la crítica, así como los primeros éxitos apoyando su obra.

Vollard transmite sus recuerdos con agilidad, introduciendo retazos de conversaciones, diálogos que muestran familiaridad e intimidad con los artistas. Describe el ambiente en el que el genio creador de Cézanne (1839-1906) lucha por plasmar su talento en Aix y París.

La personalidad del pintor, de carácter bohemio e irascible, incomprendido en su ciudad natal y por la crítica, queda al descubierto a través de sus opiniones y reacciones ante los personajes que desfilan por su vida. Conocemos especialmente cuál era el proceso de elaboración del artista en la descripción de la pintura del retrato de Vollard (1896-1899). Insiste en la soledad del creador y nos permite captar algo de ésta.

Según el autor, Degas (1834-1817) fue un hombre meticuloso, con reputación de original, de vida pautada y cargado de manías. Sin embargo, contraponiendo ciertos tópicos divulgados en torno a las singularidades de su personalidad, señala su naturaleza sensible y cómo sus palabras maliciosas sólo eran provocadas por agresiones contra el orden o la pintura. Los fragmentos de recuerdos y conversaciones descubren al artista encerrado en su taller con sus modelos, al margen de la pintura al aire libre del grupo impresionista.

Renoir comenzó decorando piezas de barro barnizado, abanicos y pintura religiosa sobre bastidor hasta que consiguió introducirse en el taller de Gleyre donde se formó. De sus tertulias con Vollard conocemos que aquello que nos parece una novedad en el arte es “una continuación más o menos modificada”. Proporciona interesantes testimonios sobre la exposición de 1874, en la que los críticos hablaron de una nueva escuela, cuyo nombre surgió de un cuadro de Claude Monet titulado Impresión.

La habilidad del autor para preguntar a los pintores aquello que espera descubrir se percibe en toda la obra; perspicaz, consigue que Renoir le exponga sus teorías “impresionistas”. Testimonio que muestra la complejidad de la técnica, ya que en pintura “no hay un solo procedimiento, por pequeño que sea, que admita su constitución como fórmula”.

Escuchando a Cézanne, Degas y Renoir muestra el discernimiento de Vollard para seleccionar el auténtico arte nuevo. Apoyando a los artistas y escuchándolos, permite que sean éstos quienes manifiesten sus ideas y teorías sobre la pintura.

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