En el castillo de Argol

Au Château d'Argol

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Siruela. Madrid (1993). 124 págs. 2.000 ptas.

Julien Gracq -pseudónimo de Louis Poirier- nació en Saint-Florent-le Vieil en 1910. Fue profesor de historia hasta su jubilación, y está considerado como uno de los escritores franceses que mejor han aplicado la estética surrealista a la novela. En 1951 obtuvo el premio Goncourt por El mar de las Sirtes, pero se negó a aceptarlo, así como el nombramiento para la Academia Francesa. Su obra narrativa se inició con esta novela, publicada por primera vez en 1938.

Este relato responde a las convenciones de la novela gótica y, al mismo tiempo, las trasciende. El joven Albert, último vástago de una familia noble y rica, decide pasar unos días de descanso en el castillo de Argol (Bretaña). En ese lugar solitario (la fortaleza se alza en la extremidad de un espolón rocoso) transcurren unas veladas intensas, compartidas con dos huéspedes de excepción: su amigo Herminien, un espíritu cautivado por la dialéctica hegeliana, y Heide, su acompañante, una mujer de belleza radiante, a la vez infernal y divina, que ejerce sobre el ánimo de Albert una perturbadora seducción sensual.

Un esquema tan manido como el triángulo amoroso se compensa aquí ampliamente por la pericia del autor y la originalidad del tratamiento. La historia de amor está concebida como un drama que interpretan las tres únicas voces que aparecen en escena. Toda la obra queda impregnada del gusto por el romanticismo fantástico tan de moda en aquella literatura europea de los años 30. El perfil del escritor se caracteriza, ya en esta novela temprana, por el simbolismo de unas imágenes rebuscadas, que él utiliza con maestría para recrear una atmósfera irreal, casi evanescente, ejerciendo una fuerza magnética sobre el lector. La idealización poética se plasma adecuadamente mediante unas logradas descripciones ambientales del espacio interior y exterior del castillo, que adolecen, sin embargo, de metáforas un tanto abigarradas que restan nitidez a un estilo de por sí muy elaborado.

En el planteamiento de fondo se percibe el influjo del pensamiento de inspiración nietzscheana: un entorno angustioso, forjado por el sentimiento del absurdo, sobre el que planea la sombra de la muerte y que concluye con un suicidio veladamente descrito.

Por otra parte, se pone también de manifiesto un entramado erótico, muy intelectualizado y tratado con cierta sublimación esteticista.

Asun Donazar