El viajero

TÍTULO ORIGINALThe Traveler

GÉNERO

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Plaza & Janés. Barcelona (2005). 496 págs. 20 €. Traducción: Fernando Gaví Puig.

Esta novela combina la ciencia-ficción con el tratamiento de interesantes cuestiones de fondo. La Hermandad (o la Tabula o la Gran Máquina) pretende imponer a la humanidad un modelo de pensamiento y que impere el orden (el suyo). Aliada con un poco consciente poder político, cuenta con un complejo sistema informático y de cámaras que permite controlar a todos en cualquier parte del planeta. La única oposición real a este proyecto, que naturalmente nadie conoce fuera de los altos cargos de la Tabula, son los Viajeros. Unos seres con el don de ver las cosas como son, de fuerte personalidad y liderazgo y con una capacidad hereditaria de abandonar sus cuerpos y recorrer los seis Dominios. De esos viajes extraen experiencias y pueden llegar a influir acusadamente en los hombres. Son protegidos por los Arlequines, entre ellos la joven Maya, un grupo reducido con un sofisticado entrenamiento y un sentido de misión.

La novela tiene todos los ingredientes para convertirse en un éxito. El aspecto de ciencia-ficción está cuidado y es verosímil, hay abundantes datos neurológicos y de tecnología como para convencer (literariamente) al lector más escéptico. Las peripecias de combate, persecución y estrategia son trepidantes. Los personajes, especialmente Maya y los Viajeros protagonistas, son complejos y atrayentes. La primera es consciente del constante peligro en que viven y a esa tensión externa, que se traslada continuamente al lector, se une la interna que sufre por querer ser una persona normal (incluso para amar) y, a la vez, ser fiel a aquello para lo que ha sido entrenada desde que nació.

El libro juega con interesantes cuestiones como la de la libertad (la que quiere eliminar la Tabula, la que tienen los Arlequines de seguir o no su camino, la que no tienen los Viajeros si han recibido el don, etc.) o la complejidad de contrastes del ser humano (Maya es terriblemente violenta y a la vez sensible, los Viajeros no siempre buscan lo mejor para los demás, etc.).

“Matrix” y su mundo virtual, “El Show de Truman” y la vigilancia electrónica, “Los Inmortales” y sus anacrónicas espadas, en la literatura Orwell y Crichton, entre otros, son herencias evidentes que inspiran a Twelve, pseudónimo del escritor, pero no quitan originalidad a esta ficción, entretenida y bien construida. El libro es redondo y en cierto sentido concluido pero es el primero de una trilogía.

Javier Cercas Rueda

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