El viaje del elefante

Alfaguara. Madrid (2008). 280 págs. 18,50 €. Traducción: Pilar del Río.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

“Este relato -ha contado el escritor portugués José Saramago- surgió hace unos diez años, en Salzburgo. En un restaurante precisamente llamado El Elefante vi un friso con pequeñas esculturas figurando la caminata de un elefante desde Lisboa hasta Viena”. El viaje sucedió en realidad. En el siglo XVI, Juan III, rey de Portugal, regaló al archiduque Maximiliano de Austria, de paso por Valladolid, un elefante venido de la India. Orgulloso del regalo, Maximiliano lo incorporó a su comitiva de regreso a Viena, en un largo viaje por tierra y por mar.

Saramago recrea este suceso como si se tratase de un cuento largo, con una intención de entretenimiento y, a la vez, de reflexionar levemente sobre algunas cuestiones humanas tanto de aquellos años como del presente. Un actor clave, que permite a Saramago aderezar el relato con irónicas reflexiones sobre los hombres y las instituciones de aquel tiempo, es el indio Subrho, el cornaca o cuidador del elefante. Subrho es el personaje más atrayente de una novela que no da mucho de sí. El relato del viaje está bien contado, y hay pasajes simpáticos, aunque la sorpresa de ver a un elefante por las tierras de Portugal y Castilla desaparece a las pocas páginas.

El asunto no permite a Saramago desarrollar los habituales temas de su literatura, aunque sí aprovecha la más mínima oportunidad para ridiculizar a la Iglesia, como sucede en los episodios del milagro y del exorcismo. También, tibiamente, aparece su irónico pesimismo con el que retrata los vaivenes de la condición humana.