El último recurso y otros relatos

Navona.
Barcelona (2012).
208 págs.
14,50 €.
Traducción: José Luis Piquero.

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La editorial Navona propone una excelente aproximación a la obra breve de Edith Wharton (1862-1937) a través de El último recurso y otros relatos, cinco narraciones que resumen el universo, el estilo y las intenciones de la autora estadounidense. Lúcidas, elegantes, precisas y amables, estas piezas, publicadas originariamente entre 1901 y 1916, aún conservan la frescura de sus retratos de sociedad y la vigencia de sus dilemas de salón. Al igual que su maestro Henry James, Wharton partía de un principio irreductible a la hora de escribir: el respeto a sus lectores; y esa cualidad se nota en cada una de estas páginas.

No hay un nexo común que permita sintetizar las claves de estos cuentos en una sola frase feliz, pero sí que advertimos en ellos muchos de los motivos whartonianos: los manejos que aúpan a los arribistas a las cumbres más altas de la sociedad (El último recurso), la inflexible entrega espiritual que reclama el altar de los muertos (El ángel en la tumba, quizá el más jamesiano de todos), la adaptabilidad a las circunstancias (Los otros dos), la literatura como barniz para una burguesía que ya no reconoce ni su propia impostura (Xingu), y el destierro por el juicio moral de una clase anquilosada en el pasado (Autres temps…).

La comedia y el drama se dan la mano en estos relatos, pero siempre en la justa proporción. A la carcajada la contiene la ironía (“La señora Bollinger es una de esas damas que persiguen la Cultura en grupo, como si resultara peligroso encontrársela a solas”, palabras iniciales de Xingu); y a la tentación de las lágrimas, el buen gusto.

Dos de las historias son francamente divertidas: en Los otros dos, un caballero se ve forzado a aceptar a los dos ex maridos de su mujer, al primero por razones familiares (es el padre de la hija de su esposa) y al segundo por motivos profesionales. Por su parte, Xingu recrea la visita de una exitosa escritora a un club de lectura compuesto por varias señoras incapaces de aceptar sus lagunas.

En el relato que da título al libro, una mujer hace y deshace a su antojo para casar a su hija con un buen partido y recuperar así su prestigio; en El ángel en la tumba, la nieta de un filósofo consagra su vida a custodiar el legado de su difunto abuelo, para descubrir, un día, que el tiempo se ha olvidado de él. Finalmente, Autres temps…, que cierra esta selección, nos muestra, a través del ejemplo de la señora Lidcote, una mujer divorciada en los “viejos tiempos”, que nada es tan perdurable como los prejuicios, pues “las tradiciones que han perdido su razón de ser son las más difíciles de abolir” (la autora, por cierto, publicó este cuento en 1916, tres años después de divorciarse de su esposo Teddy).

Insuperable retratista de una clase, una época y dos mundos distantes y a la vez próximos –el Viejo y el Nuevo Mundo–, Edith Wharton se recuerda, sobre todo, por sus fuertes creaciones femeninas; pero, a la luz de estos relatos, quizá merezca la pena ampliar esa perspectiva y apuntar el cuidado y la hondura que aplicó también a la caracterización de sus personajes masculinos, aquí muy logrados.