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El sueño y la tumba. Una historia de las Cruzadas

TÍTULO ORIGINALThe Dream and the Tomb: A History of the Crusades

CIUDAD Y AÑO DE EDICIÓNBarcelona (2017)

Nº PÁGINAS528 págs.

PRECIO PAPEL24,90 €

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Robert Payne (1911-1983), británico de madre francesa, fue un personaje polifacético (ingeniero naval, agente de los servicios secretos) y prolífico novelista, historiador, poeta y biógrafo. Se interesó especialmente por figuras emblemáticas del siglo XX, si bien dedicó los últimos siete años de su vida a las Cruzadas. El sueño y la tumba, que ahora se reedita, es el resultado y se publicó con carácter póstumo en un volumen de más de 500 páginas.

Se trata de una obra de divulgación científica, basada en recopilaciones de crónicas antiguas y amplia bibliografía, gran parte de ella escrita en su lengua materna, puesto que, como deja claro, las Cruzadas fueron una empresa europea, pero liderada por Francia y alentada por el Papado. Por lo que se refiere a las fuentes utilizadas, cabe destacar las citas textuales de cartas y documentos coetáneos a los hechos; sin embargo, en algunos casos, aporta datos poco fidedignos sin matizar, como es el caso de la denominada cruzada de los niños.

El título del libro hace justicia a su contenido: en efecto, las Cruzadas fueron un largo sueño colectivo (liberar la tumba de Cristo del poder turco) iniciado en 1096 y que acabó siendo la sepultura de miles de cristianos y musulmanes en los dos siglos posteriores. También es certero el subtítulo, porque Payne escribe una historia de las Cruzadas, la suya, narrada con viveza y colorido, como si de un reportero infiltrado en el túnel del tiempo se tratara. El autor es un maestro al describir el ambiente en que se desarrollaron los acontecimientos, los paisajes, los protagonistas (cristianos, turcos, mamelucos, chipriotas, bizantinos, mongoles, circasianos, armenios) con sus grandezas y miserias, la vida cotidiana, las tácticas guerreras, el notable papel de las órdenes militares y de las mujeres.

No se circunscribe a un relato sobre las ocho Cruzadas, sino que establece determinados ejes temáticos: relaciones entre cristianos y musulmanes hasta la llegada de los turcos selyúcidas, liderazgo cruzado de mandatarios europeos y de monarcas cristianos nacidos en Tierra Santa, y declive tras la recuperación de Jerusalén por Saladino.

Payne se muestra certero al ilustrar el encuentro de Oriente y Occidente propiciado por las Cruzadas. Salvo excepciones, los europeos no supieron apreciar la cultura de los infieles, que en diversas ciencias les aventajaban; tampoco comprendieron a tiempo que su propia ambición (la búsqueda de nuevos mercados, el saqueo de Constantinopla o la conquista de Egipto) propició la pérdida de los Santos Lugares. Los hechos muestran que cuando los cruzados se desviaban de la finalidad principal de sus peregrinaciones guerreras (mantener libre el acceso a Tierra Santa) por objetivos espurios y mundanos, el fracaso era seguro. Sin embargo, fueron capaces de tomar la cruz emperadores, reyes, nobles, caballeros, soldados, pueblo llano, que tras mil privaciones se alegraban de haber cumplido su promesa con Cristo.

En los cruzados se mezclaba la sed de poder y tierras con la de santidad y penitencia; la violencia del guerrero con la decisión para afrontar penalidades y hasta la muerte en las mazmorras de los sarracenos. Si nos es difícil comprender a los cruzados, según Payne, se debe a que nos falta la energía de su fe. Quizá tenían una imagen idílica de Jerusalén, pero entendieron que aquella ciudad del desierto de Judea pertenecía a la geografía de sus anhelos más profundos.

El libro es recomendable para buenos lectores, interesados en las humanidades y con capacidad crítica.

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