El siglo de los genocidios

Alianza. Madrid (2007). 286 págs. 19 €. Traducción: Florencia Peyrou y Hugo García.

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Matanzas y masacres ha habido siempre. El hombre está más cerca de ser ese “lobo para el hombre” (Hobbes) que el “buen salvaje” corrompido por la civilización (Rousseau). Muchas de las veces en que ha podido matar con impunidad lo ha hecho; y en masa.

Una cosa es eso -de lo que no se libra casi ningún pueblo histórico, unos con guerras, otros con esclavitud, otros con deportaciones, otros con sacrificios humanos, otros con persecuciones en nombre de la religión- y otra cosa es un genocidio: “un tipo de masacre de masa unilateral en la que un Estado u otra autoridad tiene la intención de destruir a un grupo al que el mismo perpetrador ha definido”. Ese grupo puede ser étnico o cultural (armenios, judíos, hutus, gitanos) o político (burgueses o kukas en las matanzas ordenadas por Lenin, Stalin, Mao o jémeres rojos).

Se entiende que llamar al siglo XX, “El siglo de los genocidios”, que es el título del reciente libro de Bernard Bruneteau, no es ninguna hipérbole.

El resultado es tanto más sangrante cuanto que el siglo XX era el orgulloso heredero de la Revolución, el Progreso y el abatimiento de todas las tiranías, un siglo que proclamó la solemne Declaración de los Derechos Humanos. Pues en todos los tramos del siglo XX se da el genocidio. En la época de la primera guerra mundial, con la matanza de armenios por parte de los turcos; en el periodo de entreguerras, con las matanzas leninistas y estalinistas; en el periodo de la segunda guerra, con la inmensa tragedia del Holocausto judío; pero es que cuando cae por fin el último de los grandes sistemas dictatoriales, el comunismo soviético, y el mundo parece entrar en una época de paz, es decir, entre 1991 y el final del siglo, sigue el genocidio en países de la antigua Yugoslavia; y sigue en África.

Así que la tan cacareada globalización es perfectamente compatible con un recrudecimiento de los localismos, en formas de nacionalismos violentos o en cualquier otra forma; y ya se sabe que es de estos etnicismos, conjugados con el poder, de donde han salido la mayor parte de los genocidios. Bruneteau no es nada optimista sobre el futuro. “En vista de los efectos perversos que tienen la globalización y la democratización actuales sobre las minorías del planeta, corremos el riesgo de que la tentación genocida tenga ante sí un siglo XXI prometedor”.

En cualquier caso, por desagradable que resulte, no es inútil tener a la vista los numerosos y crueles genocidios del siglo XX. Sirve, entre otras cosas, de demostración de que un progreso científico o técnico no asegura de por sí el progreso moral. O, en otras palabras: que en cualquier circunstancia hay que esforzarse en algo tan antiguo y tan básico como hacer el bien y evitar el mal.

Rafael Gómez Pérez

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