El rey de las Dos Sicilias

Anagrama. Barcelona (2009). 307 págs. 17 €. Traducción: Bozena Zaboklicka.

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Andrzej Kuśniewicz (1904-1993) fue un escritor de lengua polaca, nacido en Galitzia cuando aquella región -ahora ucraniana- formaba parte del Imperio Austro-Húngaro. Aristócrata con estudios universitarios de derecho, arte y ciencias políticas, formó parte de la resistencia francesa en la Segunda Guerra Mundial, fue confinado por los nazis en Mathausen y tras el final de la contienda ocupó diversos puestos diplomáticos en Francia. En 1950 regresó a Polonia, donde escribió sus dos novelas más importantes: Lecciones de lengua muerta y El rey de las Dos Sicilias. La primera edición en español de esta novela es de 1983, aunque ahora vuelve a publicarse en la nueva colección “Otra Vuelta de Tuerca” de la editorial Anagrama. Su obra se parangona con la de Joseph Roth o Musil, en cuanto a su temática en torno al final del Imperio Austro-Húngaro y al hundimiento moral de su sociedad.

El rey de las Dos Sicilias es el nombre de un regimiento de caballería austriaca, originariamente constituido por ulanos sicilianos, movilizado a un territorio fronterizo con Serbia en las fechas posteriores al asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando, que había de desencadenar la Primera Guerra Mundial. Su protagonista, Emil R., es un joven oficial de dicha unidad; hijo de una familia burguesa de Viena, está neurotizado por una morbosa infancia al lado de su sádica hermana y lleno de complejos por el fracasado intento de compensar sus escrúpulos y obsesiones con la creación poética. En la movilización del regimiento, Emil R. y el grupo de compañeros de armas se cruza con el extraño asesinato de una jovencita prostituta gitana, en la ciudad en que está acuartelada la unidad militar y donde el prefecto de la policía local investiga a los oficiales.

En su estilo, la novela deja la sensación de un bullicio barroco de descripciones sensoriales con un fondo de tensión trágico. Es, sin duda, la sinfonía literaria del hundimiento de una persona como analogía de la hecatombe de un imperio, de una sociedad y de una guerra mundial.