El río y la fuente

TÍTULO ORIGINALThe River and the Source

GÉNERO,

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Rialp. Madrid (2000). 279 págs. 2400 pts.

En estas cuatro historias de la mujer en Kenia, Ogola ha novelado recuerdos y vivencias de su ámbito social y cultural. El relato gira en torno a una saga familiar que refleja los grandes cambios producidos en su tierra desde finales del siglo XIX: la creciente influencia occidental en las tradicionales tribales, la llegada de la independencia y los nuevos retos y problemas que afectan a África.

Hay una figura emblemática, Akoko, con cuyo nacimiento se inicia la narración. Una mujer inteligente y tenaz, que afronta la vida con valentía y optimismo, y será el modelo para las generaciones posteriores. Ella y su marido, un joven de las tierras de Sakwa destinado a ser el jefe de su tribu, rompen con la poligamia tradicional, a pesar de las incomprensiones que su conducta suscita. Pero, al enviudar, los problemas de Akoko se acentúan y ha de luchar heroicamente por defender a sus hijos.

Nyabera, la hija de Akoko, se convierte al catolicismo y esto introduce importantes cambios en la familia. La madre se convierte también y el nieto de Akoko, llamado a suceder a su abuelo como jefe de la tribu, a causa de la muerte del heredero en la Gran Guerra, decide ser sacerdote y llegará a ser obispo.

La siguiente generación es la de Awiti (bautizada Elizabeth), otra luchadora hija de Nyabera, que estudia para maestra. Sus hijos crecen en un ambiente urbano y casi todos realizan estudios universitarios. Surgen nuevas situaciones y problemas, en una familia que intenta armonizar las ancestrales tradiciones de sus antepasados con los ideales cristianos.

La novela termina con la muerte de Elizabeth, rodeada de sus hijas e hijos, nueras, yernos, nietos… Su hija Verónica y su nuera Wanda han recogido el testigo de su madre, de la abuela y de la bisabuela Akoko, el punto de referencia permanente.

Con todo esto queda un relato muy interesante y ameno, optimista, aunque no se oculten las dificultades (una de las hijas de Elizabeth muere de SIDA, por poner un ejemplo), que nos aproxima a una cultura distinta, pero mucho menos distante de lo que cabría suponer. Al fin y al cabo, trata de personas, es decir, de sentimientos, y de vivencias comunes a todos (la familia, el amor, el trabajo, el dolor, la muerte…), y de la noble influencia del cristianismo, por elevación. Un buen libro para un público amplio.

Luis Ramoneda