El príncipe negro

Lumen. Barcelona (2007). 562 págs. 23 €. Traducción: Camila Batlles.

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Autora de indudable perfil shakesperiano por su hábil manejo del sentido dramático de la acción y por su capacidad de análisis de los conflictos morales, Iris Murdoch (1919-1979) ha firmado algunas de las más interesantes novelas de la segunda mitad del siglo XX. Ahora, la editorial Lumen, dentro de su Biblioteca Murdoch, publica una de sus obras más destacadas: El príncipe negro (1973), una aguda reflexión sobre el papel de los celos, de la envidia y del amor en la vida de las personas, que termina, sin embargo, dejando un sabor agridulce en el lector.

En primer lugar nos encontramos con una historia extravagante que cae en una cierta tendencia a la exageración de su autora. Dos escritores amigos, Bradley Pearson y Arnold Baffin, mantienen una relación de amor-odio que desemboca en una desordenada ecuación pasional en la que todos los protagonistas se enamoran el uno del otro (la mujer y la hija de Baffin con Pearson; Baffin con la ex mujer de Pearson; el psicoanalista homosexual Marloe con el propio Pearson…). Como si se tratara de un vodevil carnavalesco, la historia se va complicando a medida que avanza, dejando al descubierto la frívola mundanidad y la sordidez de las relaciones humanas cuando se ven sometidas al dictado de las pasiones.

Como es habitual en su autora, Murdoch trufa la acción con abundantes meditaciones de tinte filosófico o artístico -algunas francamente disparatadas, como su lectura de Hamlet; otras de gran interés-, lo que explica que a menudo se la considere como una novelista de ideas. El resultado es una obra irregular, algo descompensada por la falta de contención de su autora, brillante y divertida en sus mejores momentos, pero también irritante cuando alguno de los personajes se le escapa de las manos. La penetración a la hora de dibujar los conflictos emocionales -el poder de los celos o de las pasiones- se da por descontado. Su interpretación, sin embargo, le corresponde al lector, ya que Murdoch se limita a describir los personajes y dotarles de vida.

A pesar de su fama, quizá El príncipe negro no sea el mejor puerto de salida para adentrarse en el océano Murdoch. Más redonda es sin duda El mar, el mar (1978), su novela más lograda y justamente famosa que apareció traducida al castellano hace pocos años en Lumen y cuyo protagonista, Charles Arrowby, es sin duda una de las voces más logradas y auténticas de la reciente literatura británica. Sólo el tiempo nos dirá si Murdoch llegará a alcanzar el status reservado a los clásicos.

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