El pianista del gueto de Varsovia

TÍTULO ORIGINALSmierc Miasta

GÉNERO

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

Ediciones Turpial & Amaranto. Madrid (2000). 221 págs. 3.200 ptas. Traducción: María Teresa de los Ríos.

Este libro reúne tres escritos. El más amplio, que le da el título, corresponde a las memorias del autor, pianista y compositor de origen judío, en las que narra su brutal experiencia durante la ocupación alemana de Varsovia en la II Guerra Mundial. Szpilman perdió a toda su familia y se salvó porque alguien lo rescató cuando iba a subir al tren con destino a Treblinka. El original, publicado en 1946, fue prohibido por las autoridades comunistas de Polonia.

Aunque Szpilman escribió su relato en caliente, recién acabada la guerra, impresiona la lucidez y mesura con que se expresa. Cuenta lo que vio, realmente espantoso (asesinatos, deportaciones, hambre, intentos de sublevación…), pero sin añadir adjetivos a la tragedia. Detalla la vida en el gueto, en condiciones infrahumanas, y después su supervivencia en Varsovia, en medio de la destrucción total, siempre en peligro de que lo detuvieran, hasta que un oficial alemán lo ayudó, poco antes de la entrada de las tropas soviéticas, cuando estaba a punto de morir de hambre y de frío.

La segunda parte del libro reproduce fragmentos del diario de este oficial de la Wehrmacht, el capitán Wilm Hosenfeld, maestro de profesión, que había participado en la Gran Guerra y que murió en un campo de prisioneros en Stalingrado, en 1952. Son las anotaciones de un hombre honrado al darse cuenta de lo que está ocurriendo. Se plantea preguntas estremecedoras sobre las responsabilidades de su pueblo, sobre la ideología y los métodos del nazismo, y los intentos de encontrar una explicación a tanta maldad.

El volumen concluye con un epílogo, escrito por el poeta alemán Wolf Biermann, que perdió a su padre en Auschwitz y fue expulsado de Alemania oriental en 1976. Esta parte resulta esclarecedora, pues cuenta algo más del capitán Hosenfeld, buen católico: detalles de algunas de sus acciones a favor de polacos y de judíos, a los que salvó de la muerte, y de su trágico final, así como los inútiles intentos de Szpilman por salvarlo.

Un libro que vale la pena leer y que, además, está excelentemente editado y traducido.

Luis Ramoneda