El peregrino encantado

Alba. Barcelona (2009). 285 págs. 22 . Traducción: Fernando Otero Macías.

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No se ha publicado mucho en castellano de Nicolái S. Leskov (1831-1895), pese a ser uno de los grandes narradores del XIX, y no solo de Rusia. Por eso El peregrino encantado, inédito hasta ahora en castellano, puede resultar todo un descubrimiento. Hay pocas novelas -antiguas o de ahora mismo- en la que el narrador atraiga al lector con hechos verosímiles e insólitos a la vez, no con reflexiones o consideraciones. Hechos, hechos diversos, sin tópicos ni repeticiones.

Cuenta la historia el protagonista, un inolvidable Iván Severiánich, nacido siervo, experto en caballos, grande como un gigante, quien después de múltiples aventuras se dirige a un monasterio donde profesará como novicio. Una aparición de ultratumba le profetizó, cuando era joven, que esa sería la única manera de salvarse, fuera como hubiera sido su vida.

Es esa vida la que nos cuenta, con un estilo directo, sencillo, humilde, donde las grandes cosas resaltan aún más. Y, de vez en cuando, un toque de humor. Hay escenas, como el combate a latigazos entre dos tártaros, que se leen con más interés que si se vieran, por ejemplo, en una película: tal es la fuerza del estilo de Leskov.

Maksim Gorki, que admiraba a Leskov, y que firma un texto que sirve de introducción al libro, afirma: “Leskov es el más original de los escritores rusos, ajeno a cualquier influencia del exterior. Leer sus libros es la mejor manera de sentir y comprender Rusia, con todo lo que tiene de bueno y de malo”.

Más sencillamente: leer esta novela es pasarlo bien con un relato de calidad, que nunca decae, que sorprende siempre. Sólo se da esta gran experiencia del gusto por leer historias cuando el autor posee el gusto de narrar. Algo que muchos modernos han sustituido -por carecer de ese don- con la retahíla de sus interioridades más o menos psicológicas, cosa que no interesan a casi nadie.