El papel de la religión en las sociedades democráticas

GÉNERO

Dialéctica de la secularización
Joseph Ratzinger y Jürgen Habermas
Encuentro. Madrid (2006). 8 €.

Antropología del hecho religioso
José María Barrio
Rialp. Madrid (2006). 199 págs. 12,50 €.

Cristianismo en una cultura postsecular
Varios Autores
Eunsa. Pamplona (2006). 520 págs. 29 €.


El papel de la religión en las sociedades democráticas ocupa un primer plano en las discusiones políticas contemporáneas. De ahí el interés de un debate intelectual como el que mantuvieron hace dos años en la Academia Católica de Baviera el entonces cardenal Ratzinger y el filósofo Jürgen Habermas y que ahora ve la luz en castellano bajo el título Dialéctica de la secularización.

Ambos interlocutores creen que es innegable la importancia de la religión en la vida del hombre y de las sociedades. Las discrepancias surgen cuando se refieren a la función de las convicciones en un estado democrático de derecho. Para Habermas, el Estado es autosuficiente y el origen democrático de la constitución y del resto del ordenamiento jurídico garantiza por sí mismo la legitimidad del sistema. Desde su perspectiva construccionista, los procedimientos democráticos hacen que coincida la legitimidad con la legalidad.

Esto es, sin embargo, en teoría. En la práctica, el pensador alemán constata que las «fuentes de la solidaridad» se han secado y que los vacíos morales y culturales amenazan la integración social. Por eso Habermas confiesa que no resulta descabellado recurrir a otras tradiciones culturales, como la religión, con el fin de atajar la conciencia individualista y cimentar la solidaridad de los ciudadanos. La conferencia de Habermas resulta novedosa en un intelectual de izquierdas que ha abanderado hasta hace poco el discurso laicista.

Ratzinger compartió algunas de las conclusiones. Pero, al constructivismo habermasiano opone, de acuerdo con la tradición, el carácter natural de la sociedad, de sus instituciones y del derecho. Con ello, su punto de vista resulta más amplio que el de su interlocutor. Primero porque no considera al hombre sólo como «animal político», como hace Habermas, para quien no existe nada anterior al Estado. En segundo término, porque este último no salva las posibles manipulaciones que pudiera sufrir el proceso democrático.

Ratzinger recuerda que una razón «abandonada a su propia lógica» conduce a tantos errores como una fe irracional; subraya la necesaria comunicación que tiene que haber entre fe y razón para evitar el cientificismo y el integrismo, una cuestión que es el núcleo central de su reciente discurso pronunciado en la Universidad de Ratisbona.

El debate Ratzinger-Habermas figura también como largo apéndice en el libro de José María Barrio, «Antropología del hecho religioso». El autor, profesor titular de antropología en la Universidad Complutense de Madrid, reflexiona sobre el carácter natural con que se plantea al hombre la cuestión religiosa. En efecto, éste se hace espontáneamente preguntas que transcienden su propia capacidad racional. Más allá de todo esto, sin embargo, Antropología del hecho religioso subraya que la religión representa un fenómeno cultural -sin que, por otra parte, puede agotarse en expresiones de esta índole- con una dimensión pública irrenunciable.

Para Barrio, como para Ratzinger, la actitud del creyente es razonable; razón y fe no se excluyen, sino que deben apoyarse mutuamente. De este modo, la Teología se perfila como una disciplina científica que reflexiona racionalmente sobre los contenidos de la Revelación.

Cristianismo en una sociedad postsecular resulta un complemento valioso para quienes deseen profundizar en el debate Habermas-Ratzinger. Se reúnen en este volumen las ponencias y comunicaciones presentadas en el V Simposio Internacional de Fe Cristiana y Cultura Contemporánea, celebrado en la Universidad de Navarra, que trató sobre el significado profundo de la secularización, de sus raíces y de sus implicaciones sociales y culturales.

Como expresan los editores, hay que diferenciar el sentido positivo de la laicidad, que incide en la separación del poder civil y del religioso -y que es, por otra parte, una aportación del propio cristianismo, que se ha intentado apropiar la Modernidad-, y esa deriva antirreligiosa que, a partir de la Ilustración, ha tomado cierto sector ideológicamente definido, aunque hoy a su vez cuestionado.

Como prueba el caso de Habermas, los pensadores más influyentes han ido evolucionando hacia posturas más atinadas sobre la religión, reconociendo que la frontera entre ética pública y moral privada fluctúa y que el Estado ha de atender las razones que proceden de las creencias de sus ciudadanos.

Por último, el simposio reivindicó un cristianismo «activo y operante», que plantara cara a la pretensión de excluir a la religión del espacio público. Por eso, algunos expertos hablaron sobre la influencia que el creyente puede tener en ámbitos como la cultura, la economía y la ciencia.

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