El otro nombre de Laura

Alfaguara. Madrid (2008). 360 págs. 19,50 €. Traducción: Miguel Martínez-Lage.

Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on email
Share on print
Share on twitter
Share on facebook
Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on email

El irlandés John Banville reincide bajo seudónimo en una novela negra. Igual que en El secreto de Christine (ver Aceprensa 99/07), el forense Quirke es incapaz de hacer su trabajo y parar. Además de rajar el cadáver de Laura, quiere saber qué pasó, pues está claro que ya estaba muerta cuando la arrojaron al agua. Los hechos le conducen a una sórdida y desagradable historia de drogas y pornografía.

En cuanto a contenidos, Banville ha escogido el camino más fácil para sus novelas de misterio. El mal es representado sin sutilezas ni matices a través de personajes primarios, sin frenos a la hora de satisfacer sus instintos. Todos sus intentos de plantear otras cuestiones al margen del enigma, como hace toda buena novela negra, se ven arrinconados por lo asfixiante y obsceno de la trama principal. Así ocurre cuando se intenta reflexionar sobre la ley y la justicia, sobre las relaciones matrimoniales o paterno-filiales, o sobre el peso del ambiente en la educación.

Para colmo, no acierta con el ritmo. Es lento y denso y hay que ir abriéndose paso a machetazos para seguir el camino del argumento, y todo para ir descubriendo las andanzas de unos lamentables viciosos. Banville tiene fama de buen estilista, y es cierto que sus maneras son de más calidad de las habituales en el género. Por desgracia, este ingrediente es insuficiente en el conjunto.

newsletter
cabecera_aceprensa

Reciba semanalmente por correo electrónico nuestros titulares