El oscurecer (un encuentro)

Luis Mateo Díez

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Ollero & Ramos. Madrid (2002). 213 págs. 14,37 €.

Con esta novela cierra Luis Mateo Díez su trilogía sobre Celama, ese simbólico espacio que tanto parecido guarda con los lugares de su infancia en la provincia de León. En 1996 apareció El espíritu del páramo (ver servicio 68/96) y en 1999 La ruina del cielo (ver servicio 184/99), novelas ambientadas en ese territorio desolado, decrépito, en un irreversible proceso de degradación.

En El oscurecer vuelven a aparecer esos personajes derrotados, fracasados, tan del gusto de Mateo Díez, que se encuentran en ese momento de sus vidas en el que no saben si van o vienen. En un destartalado apeadero ferroviario se encuentran un viejo y un joven. El viejo acaba de huir de la casa de su hijo; al joven, por sus líos con el tráfico de drogas, le persigue la Guardia Civil. Mientras el joven aguarda a que aparezca un tren para escapar de esas tierras, el viejo, abrumado por los años y los desagües de la memoria, deambula sin sentido alguno, como sin poder escapar del destino que encierra tanto su vida como esta región. Acompañados de un perro vagabundo, los dos personajes, pero de manera especial el viejo, sobre quien recae el peso del relato, se sienten asfixiados por el pasado y el presente, por los recuerdos y la realidad. Esta desnuda ambientación, casi teatral, conforma un ambiente de pesadilla, un espacio borroso e indeterminado, de tintes kafkianos.

La trama apenas evoluciona, y la acción queda como detenida en este lugar, con unos personajes en franco proceso de decadencia, sin apenas resortes existenciales, mostrando un extravío y una desolación que se funden con un paisaje vacío, triste, sin esperanza. Con una esquemática sencillez, narrativamente muy eficaz, Mateo Díez en El oscurecer (un encuentro), enfrenta a los personajes a su destino, que no es otro que la llegada de la inevitable muerte. Alegoría, por tanto, de la vida, en clave Mateo Díez: la antesala de la nada.

Adolfo Torrecilla

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