El narrador de películas

TÍTULO ORIGINALDer Kinoerzähler

GÉNERO

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Anaya & Mario Muchnik. Madrid (1993). 315 págs. 2.900 ptas.

Gert Hofmann (Limbach, 1932) es uno de los más destacados novelistas alemanes actuales. Entre otros, ha ganado los premios Ingeborg Bachmann (1979) y Alfred Döblin (1982). En esta obra evoca a su abuelo Karl, narrador de películas mudas en el cine de su ciudad natal, en Sajonia, durante los años veinte y treinta.

Hofmann usa el séptimo arte como punto de referencia del singular modo de ser del abuelo, del que su nieto va desgranando, en primera persona y con su mirada de niño, un sugestivo retrato de sus últimos años. El abuelo ve la vida como si fuera una película, lo que le lleva a juzgar su propia persona y lo que pasa a su alrededor con una irrealidad pasmosa. Él se considera un auténtico artista: el único capaz de captar el alma de las películas. En cambio, para su familia y vecinos, Karl es perezoso, mediocre y con delirios de grandeza. Sólo su nieto parece verle en contrapicado, al menos inicialmente. El advenimiento del cine sonoro, el auge del nazismo y la propia decrepitud física y psíquica del abuelo irán tornando esa visión exaltante en un agudo picado, cargado de patetismo.

Con estos elementos, Hofmann podría haber derivado hacia el nihilismo desencantado o hacia la crítica radical de algunos autores alemanes contemporáneos, como Günter Grass. Sin embargo, Hofmann alivia su tendencia al pesimismo con la fantasía que aporta el cine, con un sentido del humor moderadamente cáustico y con la ingenua mirada del narrador infantil. En todo caso, a Hofmann le falta hondura y, sobre todo, trascendencia. Sus personajes son entrañables, pero ninguno tiene solidez moral.

Estilísticamente, Hofmann muestra un par de virtudes destacables. Por un lado, una gran capacidad para integrar los diálogos en la narración y romper así el paso lento y monocorde de ésta. Por otro, un recurso acertado al absurdo. En este sentido, abundan las ocurrencias y metáforas afortunadas, siempre a medio camino entre la ternura y el cinismo.

Quizás donde más debilidad muestra el autor es en la economía de su lenguaje. Cuesta leerle porque cae con frecuencia en la autocomplacencia y en la anarquía narrativa.

Jerónimo José Martín