El misterio de la felicidad

Renacimiento. Sevilla (2009). 268 págs. 11 .

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Se dice que el tiempo aquilata los nombres y va poniendo a cada uno en su sitio. Así sucede cuando un poeta no sólo es incluido en libros colectivos, sino que toda su obra va siendo sometida sucesivamente a la labor de selección que supone una antología personal. Miguel d’Ors es uno de esos casos recientes. Su obra ya conoce varias antologías, lo que le está convirtiendo, poco a poco, sin publicidad pero con justicia, en el autor más leído, admirado y difundido de su generación.

El misterio de la felicidad incorpora poemas que van desde sus primeros libros (Del amor, del olvido, Ciego en Granada) hasta los últimos (Sol de noviembre) y un manojo de inéditos.

Quizá no estaba en el programa, pero a uno le hubiese gustado que aparecieran algunas de sus espléndidas “virutas de taller”, prosa fragmentaria que sirve, además, para conocer mejor los entresijos de la creación del poeta. Rematan la edición un apéndice bibliográfico y un interesante epílogo con anotaciones referidas a las circunstancias de algunos poemas.

Mención aparte merece el estupendo prólogo de Ana Eire. Con un estilo natural, saca a la luz un puñado de claves de la poesía d’orsiana, entre las que se cuenta el propio titulo del libro: la felicidad es un misterio porque se encuentra escondida en la vida cotidiana. Así, frente a la falsa impresión de acumulación de dogmas y certezas que puede sentir algún lector superficial o desinformado, “el misterio está en el centro de estos poemas… Su poesía está llena de expresiones como ‘nunca logré averiguar’, ‘no sé cómo’, ‘no se entiende’”.

Sin el misterio no es posible el asombro. Paradójicamente, estas palabras -misterio, asombro- nos devuelven al Miguel d’Ors creyente con una riqueza, una profundidad, que los discursos progres y monolíticos no pueden atisbar, porque les falla el sentido del olfato en estas cuestiones.

Para los seguidores de D’Ors tiene un interés particular la lectura de los seis inéditos que se sirven de propina final. Textos como “Belinha” o “Made in Pakistan” son de los más intensos y emotivos que uno ha podido leer últimamente. En ellos se consigue el más difícil todavía de un poeta: que parezcan fluidos y espontáneos unos versos tocados por el oficio y la sabiduría técnica. El arte, en definitiva.

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